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Venezolanos en Ourense: "Estamos un año en el aire"

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Venezolanos en Ourense: "Estamos un año en el aire"

Reinaldo Alvarado y su mujer, Yándira Colmenares (izquierda); y Jesús Acosta, en su lugar de trabajo (derecha) (XESÚS FARIÑAS).
photo_cameraReinaldo Alvarado y su mujer, Yándira Colmenares (izquierda); y Jesús Acosta, en su lugar de trabajo (derecha) (XESÚS FARIÑAS).
Los tiempos de espera para la tramitación de asilo en España dificultan la estancia de las familias venezolanas en el país. Deben esperar hasta doce meses para iniciar los trámites que les facilitan el acceso a un puesto de trabajo

En Celanova la comunidad venezolana aumenta y cobra cada vez más peso dentro de su sociedad. La Asociación Cantaclaro se ha vuelto, en esta villa, un apoyo para todos ellos, que tras su llegada a España se tienen que adaptar a "un cambio de 180 grados", como determina Jesús Acosta. Los casos son muy diversos, pero ellos no pierden la alegría. 

Uno de los casos que se pueden encontrar en Celanova es el de Richard Uzcategui y su mujer, Elida Rivas. Llegaron hace un mes de la ciudad de Mérida y lo único que tienen a día de hoy es un documento previo de un año, momento en el cual podrán a acceder a la tramitación de sus permisos de asilo en España. "Estamos un año en el aire, sin saber si tendremos los documentos", cuenta Richard.

Ante esta falta de papeles, las dificultades crecen en su familia, en la que solo su cuñado aporta dinero al disponer de la documentación. "Nos está ayudando el párroco y la aportación de 50 euros que nos da Cruz Roja para tres meses", explica Richard. Lo único que busca es un empleo, algo que le permita sentirse útil para su unidad familiar, después de tantos años trabajando. "Nunca tuve las manos tan bien tratadas", bromea Richard. Ha comenzado a repartir papeles en los que se ofrece para cualquier empleo: "Nos ponemos a la orden, mi mujer y yo, para cualquier oficio que sea", afirma este venezolano.

El documento marca una cita a la que deberán acudir el próximo año para presentar los papeles necesarios para tramitar la protección internacional, "que no les garantiza nada", apunta Daysi Ramírez, de la Asociación Cantaclaro. En esta casa viven también la hermana de Richard y sus dos sobrinos, con una única fuente económica en la casa. "Si no logramos salir aquí adelante, buscaremos otro lugar, aunque lo tenemos difícil sin los papeles", afirma.


Otras dificultades


Reinaldo Alvarado y Yándira Colmenares aterrizaron en Celanova en julio, por mediación de sus hijos. Ambos tienen una titulación en Educación y están jubilados. "Tenemos tres hijos que están en Europa y ante la situación en Venezuela preferimos venirnos", comenta Reinaldo. Este venezolano marca la gota que colmó el vaso la "falta de agua potable", en ese momento decidió que tenían que irse. 

Hoy tienen los papeles en regla, gracias a que su hija mayor estuvo años en España y goza de la nacionalidad española. "La plata no es abundante y aquí nos encontramos con uno de los sitios que mejor se nos adaptaba", explica Reinaldo. Sus hijos viven en Irlanda, Ginebra y Berlín. En esta última probaron y no se adaptaron. "Aquí no tenemos una barrera del idioma como allí nos sucedía", comenta Yándira.

Con este cambio, perdieron su pensión por jubilación que perciben en Venezuela. "Aquí vivimos tirando de ahorros y de la ayuda que nos brindan nuestros hijos", cuenta Reinaldo, ante los cambios en la regulación venezolana que antes permitía giros a otros países en sus pagas. Por esta situación, deben buscarse un empleo pese a que su condición real es de jubilados. "Nuestra edad es una limitación, porque ya no nos dan trabajos", afirma Yándira. Reinaldo es más contundente que su mujer: "Tenemos la residencia, pero el problema real es mantenerse y no nos dan empleo a esta edad". A ello se le suma la imposibilidad de homologar sus títulos: "Somos educadores y no podemos ejercer", señala Reinaldo.

En este caso, Jesús Acosta es un joven de 18 años que decidió partir al pueblo natal de su bisabuelo que emigró a Venezuela. "Llegué a un punto que no podía costearme los estudios, ni estar cinco o seis años estudiando para que luego no me los homologuen en otros país", explica. En Celanova tiene familia instalada, que facilitaron sus permisos. "Toda mi vida ha dado una vuelta de 180 grados, he dejado todo allá", afirma. Actualmente trabaja en el Centro Social de la villa y su meta es ahorrar para retribuirle todo lo que su familia le ha dado y continuar con sus estudios en Criminología. "La situación del país no me permitía superarme a mí mismo", resalta Jesús.