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Los fogones aprenden a reinventarse

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Los fogones aprenden a reinventarse

María Jesús prepara un envío a domicilio en el restaurante O Capricho (FOTO: MIGUEL ÁNGEL).
photo_cameraMaría Jesús prepara un envío a domicilio en el restaurante O Capricho (FOTO: MIGUEL ÁNGEL).

Restaurantes como O Capricho hallan en el servicio a domicilio algo de consuelo dentro de la durísima crisis que padece el sector Chefs de Cociña Ourense, con sus negocios cerrados, echan una mano en Cáritas para aliviar el aumento de demanda del comedor

A grandes males, grandes remedios. El tsunami que ha supuesto la alerta sanitaria y su correspondiente estado de alarma se dejó notar desde el primer minuto en hostelería y restauración. Con especial incidencia. Y mientras las cábalas por un futuro incierto continúa, la solución provisional pasa por la reinvención. Y esta llega desde el otro lado de la línea telefónica. Los pedidos a domicilio se han convertido en un bálsamo para unos cuantos negocios ourensanos. Pedir, llevar, comer. Todo con la seguridad obligatoria. Las plataformas digitales que agrupan a los establecimientos están en la lista de favoritos de muchos ordenadores y teléfonos. En la ciudad, una treintena de restaurantes (de comida rápida y "lenta") están en Just Eat. Unos similares a los que presenta Uber Eats. Una solución que gana enteros cada día que pasa.

"Desde el minuto uno nos pusimos manos a la obra. No podíamos estar cerrados, necesitamos ingresos, aunque sean pocos. El servicio a domicilio no es la solución total a los problemas, pero ayuda. Es mejor que estar en casa cerrados. Las ayudas que están dando no nos facilitan mucho la vida así que teníamos que pensar alternativas", destaca Manuel, encargado de la tapería y pizzería O Capricho, uno de los negocios ourensanos que más está potenciado esta vía.

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No han tardado en notar las virtudes de su apuesta telefónica y digital. Poco a poco los pedidos van aumentando y la recepción de los clientes es cada vez más positiva, lo que les ha animado a buscar una vía más independiente de gestionar sus ventas a domicilio. "Funciona por el boca a boca y a través de las plataformas Just Eat y Uber, aunque se llevan una comisión grande y, como tienen la sartén por el mango, ahora no puedes negociar una rebaja. Si un fin de semana haces 600 euros, ellos se llevan 200. Estos días hemos creado una página web, una aplicación propia para poder realizar pedidos y espero que vaya mejor. Hay que moverse e intentar cosas, a ver cómo va", destaca Manuel.

Lo suyo no ha sido un comienzo sencillo en este local de la rúa Lepanto. La lentitud de la burocracia le impidió tener el estreno deseado en la época deseada. Ahora, el coronavirus, se ha cruzado en su camino, algo que no podía plantearse en ningún estudio de negocio. "Cogimos este negocio a finales de agosto, gastamos dinero, lo reformamos y no pudimos aprovechar ni la campaña de verano. No tenemos más remedio que seguir al pie de cañón. El servicio a domicilio ha crecido bastante, en comparación con los números que manejábamos antes del confinamiento. Claro, a pesar de esa subida, no es como estar abierto con normalidad", matiza el encargado de O Capricho.

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En ese futuro incierto también espera contar con lo que ha aprendido en una situación de crisis. El servicio a domicilio debe de ser un elemento más para capear un temporal que se prevé duro. "Lo peor viene luego. Ahí está el temor. Pero dentro de cinco, seis, siete meses... ¿de qué te sirve aplazar pagos? Acabaremos pagando lo atrasado y lo nuevo", apunta.

MANTEL Y SOLIDARIDAD

También pensando en el futuro están los cocineros del colectivo Cociña Ourense. Parados en su actividad cotidiana, han sabido adaptarse a las circunstancias para arrimar el hombro en estas desfavorables circunstancias sociales. Y lo han hecho ayudando a los que más lo necesitan. Recibieron la llamada de Cáritas Ourense y se pusieron a trabajar de forma solidaria y sin ánimo de lucro con su departamento de cocina y gestión de menús.

Colaboran con la dotación de personal para la organización, preelaboración, elaboración y servicio de los menús diarios. Se marcan la planificación de las tareas semanales y ejecución de las mismas, y comprometen la asistencia de personal de Cociña Ourense con el fin de que se pueda dar descanso al personal de la cocina de Cáritas mientras se prolongue el estado de alarma.

"Nos turnamos, cada día somos más voluntarios y cada día desgraciadamente son más las raciones que se hacen. Cáritas casi triplica las comidas que hacían a diario antes de esta situación. Estamos en 666 comidas diarias", destaca el presidente de Cociña Ourense, Miguel González.

Son menús de calidad, cuidadosamente planificados para satisfacer las demandas alimentarias necesarias. El mismo mimo que ponen los profesionales de los fogones para respetar las normas sanitarias vigentes. "Siempre se elabora unos menús equilibrados y sanos. Mucha verdura, legumbres, carnes y pescados. Cumplimos con todas las medidas higiénico-sanitarias desde el primer minuto", señala González.

Una acción que sirve para intentar que los beneficiarios del menú pasen el trago lo menos mal posible pero también que los propios cocineros sientan que están colaborando en una causa culinaria y humana. "Esta acción solidaria nos enriquece mucho y nos ayuda a olvidar por unas horas, el momento en el que estamos y la situación que se nos viene encima. La asociación Cociña Ourense está dispuesta a colaborar con más centros sociales que necesiten una mano", recalca González.

Dos vías para seguir cocinando y enfrentarse al coronavirus a base de recetas y menús. Los negocios que pueden encontrar una válvula de escape no lo quieren desaprovechar mientras esperan tiempos mejores. Aquellos que no tienen opción, hacen de la unión la fuerza para poner su experiencia y su talento al servicio de la sociedad ourensana. ¡Qué aproveche!