CRÓNICA

Odisea entre bombas para una ourensana en Sri Lanka

La ourensana Ester Salgado se apena de que su ruta asiática se truncase "por catro pelagatos" tras los atentados que dejaron 300 muertos en la isla. Toque de queda y una auténtica pesadilla para salir del país, el relato de la joven

Ester Salgado, ante un espectacular paisaje en Filipinas.
Ester Salgado, ante un espectacular paisaje en Filipinas.
Odisea entre bombas para una ourensana en Sri Lanka

Y tras varios días, por fin lo consiguió. Ester Salgado Diz, vecina de Ourense y oriunda de Muíños, de 28 años, consiguió salir de Sri Lanka, país en el que estaba de paso en su ruta vacacional por Asia, tras vivir en primera persona el pánico en las calles tras la matanza yihadista en varias iglesias católicas y sus consecuencias. " Visitei moitos países asiáticos e é a primeira vez que me vexo envolta nalgo similar. Celebraba o meu aniversario", explica esta enfermera ourensana, residente en Londres. "A embaixada díxonos que abandonaramos o país cantos antes".

 Sufrieron toque de queda y estuvieron incomunicados  casi un día. La noche de ayer llegaba a las Maldivas, una isla cercana, en la que esperan conseguir unas ansiadas jornadas de paz, tras vivir una brusca interrupción en su gira por el mundo. Hace solo cuatro días, Ester se fotografiaba tan feliz en uno de los maravillosos parajes de ese país asiático, al que había llegado hace dos semanas, viajando en tren a lo largo del país. "É unha pena que a viaxe rematara así por catro pelagatos, porque a verdade é que nos levamos moi boa impresión da xente de Sri Lanka, sempre dispostos a axudarte", se apena. 

Al ver su álbum de fotos de Instagram, muchos empezaron a preocuparse por ella. Hacía cuatro días que no compartía nada del viaje. "As redes sociais empezaron a deixar de funcionar e puxéronnos un toque de queda", relata. El país estaba en shock. Ayer dejaban claro que estaba bien, tranquilizando a sus allegados: "Estamos bien, ahora estamos tratando de salir del país". 

La enfermera ourensana sorteó la estampida de turistas que estos días intentan abandonar el país por temor a una nueva oleada terrorista tras un periplo complicado. Una de las explosiones fue en una iglesia de Negombo. Justo el templo de al lado lo habían visitado hace unos días. Esa mañana, ya se habían desplazado a otra ciudad, a tres horas y media de allí. "Empezaron a rexistrarnos as mochilas nunha praia. Non sabíamos nada, ata que empezamos a recibir mensaxes de se estabamos ben. Non foi ata chegar ao hotel cando empezamos a notar que algo grave pasara. Avisamos de que estabamos ben", relata esta oriunda de Muíños.

Pero ahí empezó lo peor, una auténtica odisea en el país, con toque de queda de 6,00 a 6,00 horas. "Dun momento a outro tiñamos uns 10 militares con metralletas en frente do hotel". Durante dos días la tensión fue a más. "Chamamos á embaixada e só nos dixeron que non nos movésemos e que porían  as actualizacións por Twitter, algo pouco eficaz, internet estaba colapsado". 

Durante estas jornadas estuvieron literalmente encerrados en el hotel, con el resto de turistas y el personal. "Todo o mundo pasou esa noite un par de horas nas terrazas dos hoteis, sen saber moi ben se se estaba máis seguro dentro ou fóra, pero os locais dicían que non ían volver atacar". 

A la mañana siguiente consiguieron acceder a internet a través de una app que les permite simular que estaban en España, tras medio día incomunicados. "Fomos á farmacia e cada pouco había militares, parecía tranquilo. Pola tarde volveron novos ataques preto do aeroporto, estación de buses.... A embaixada díxonos que abandonaramos o país canto antes". 

Estaban lejos del aeropuerto y un nuevo toque de queda les impidió moverse. "Todo o mundo estaba intentando adiantar voos". "Grazas a Deus que despois do primeiro día de ataques, decidiramos adiantar o voo as Maldivas. O segundo día dos novos artefactos, os locais temían polas súas familias e por una nova guerra civil", explica. El peor momento lo vivió a 50 metros del aeropuerto, con controles que se hacían eternos para quien quiere huir de unas vacaciones convertidas en pesadilla. Ella ya está en Las Maldivas.