HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL

Otras historias del Festival del Miño

Jurado del Festival del Miño.
photo_camera Jurado del Festival del Miño.
Fernando Ramos narra una historia del extinto Festival del Miño

Hay una historia del Festival del Miño, desaparecido hace ahora 50 años, de la que nunca había hablado hasta ahora. Venía un personaje, con un cargo relevante en Televisión Española para formar parte del jurado. Controlaba mucho ese mundo, sobre todo a determinadas artistas, del sexo femenino, con las que era visible su confianza. Era habitual que de manera pública diera muestras de su familiaridad con alguna de sus amigas. Tan evidente que, en una ocasión, en la recepción que el Ayuntamiento solía celebrar en el salón de plenos, donde el alcalde David Ferrer Garrido recibía a los y las artistas, jurados, autoridades locales y periodistas, dieron muestra de ello.

Estábamos en plena recepción, y mientras el alcalde pronunciaba su discurso, el citado personaje se puso con toda naturalidad a tocarle el culo a una de las componentes de un famoso trío musical de aquel tiempo. Y no precisamente a la más guapa, sino a la más desenvuelta. Yo estaba en primera fila al lado del teniente coronel mayor del Regimiento Zamora 8, Cansino, persona muy querida en la ciudad. Dada nuestra posición cerca del cariñoso dirigente de TVE y de la corista, que parecía encantada de la vida, Cansino y yo nos miramos asombrados de la situación. Luego, en el desarrollo del festival la escena se vino repitiendo con toda naturalidad en diversos momentos del mismo. Era tan notorio que otro colega, periodista de Madrid me contó que era una cosa habitual del citado personaje con otras amigas de las que salían por televisión. Nunca se recataba, fuera donde fuera.

Aparte de este caballero, los habituales del festival sabíamos que eran frecuentes las visitas en aquellas calurosas noches de junio, visitas de unos y otras a la zona de piscina anexa, que estaba totalmente a oscuras. En aquellos tiempos, era habitual que las artistas debutantes vinieran acompañadas de su señora madre. Pero lo más curioso que viniera una artista novel cuya mamá era más guapa, desenvuelta y garbosa que su hija. Recuerdo a algún concejal de aquel tiempo entusiasmado, pero que se superó cuando vinieron las majorettes de Montpelier, pero esa historia queda para otro día. Viene a mi memoria que el entusiasmo y la admiración se encendía cuando había entre el elenco de artistas alguna francesa. Guardo memoria de un colega de la radio de aquellos tiempos que hasta logró llevar a una de aquellas artistas a enseñarle las vistas de la ciudad por la noche, concluido el festival.

Ourense estaba catalogada entonces como una ciudad provinciana, pero los ourensanos demostraron que de provincianos no tenían nada. Cuando llegan estas fechas de junio, no pasa un año en que no recuerde aquel Festival del Miño, que evoco siempre con nostalgia y que forma parte de mi propio currículum, ya que lo retransmití en varias ocasiones por radio. Como saben, el festival comenzó a celebrarse en el Posío y siempre lo envolvió una noche agradable en aquel entonces cuidado escenario. Por cierto, que recuerdo el ingenio de unos chavales que eran maestros en saltar la valla, y cuando la vigilancia no lo impedía, conseguían seguir entrando sin pagar entrada. Como de aquella era habitual que el personal de Telefónica dejara las escaleras con un candado en las calles, estos muchachos eran de admirar. Conseguían liberar las escaleras y la colocaban a sus hombros uno delante y otro atrás. Y de este modo se presentaban en la puerta del Posío como si fueran a arreglar algo y, como era de esperar, los porteros los dejaban pasar sin hacer preguntas. No sé cómo harían para colarse en el Pabellón de los Deportes.

Aquel festival tenía un ciclo marcado, que empezaba con su presentación en Madrid y Oporto, la fase previa, por lo general en el Teatro Jordao de Guimaraes, donde se seleccionaba la canción portuguesa. Yo de aquella estaba en la radio y seguía toda la fase. La verdad es que, tras el concurso, lo mejor era el fin de fiesta, donde venían los artistas de primera fila del momento, desde Joan Manuel Serrat a Nino Bravo, o al mismísimo Víctor Manuel como participante. Yo creo que aquel festival, adecuadamente adaptado habría podido sobrevivir hasta el presente. El propio presidente de entonces de la Comisión de Fiestas, Manolo Rego, recuerda que un alcalde de Vigo, Portanet, se ofreció a llevarse el concurso a Vigo, en el parque de Castrelos, si el Ayuntamiento de Ourense no quisiera mantenerlo.

Las fiestas de Ourense, desde mi perspectiva, han venido a menos. El Festival del Miño era el gran acontecimiento, junto con el Rally y la Batalla de Flores. Sobre las verbenas del Posío siempre se discutió si eran mejores o no que las de El Puente. Pero al ser estas gratis la opinión se decanta por el barrio de la estación. En el Posío sí recuerdo que eran habituales Los Tamara con Pucho Boedo y sus populares canciones que todavía suenan. Interesante personaje, Pucho Boedo.

Te puede interesar