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Ourensanos por el mundo: confinamientos y luz en China

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Crisis del coronavirus

Ourensanos por el mundo: confinamientos y luz en China

El mundo se encuentra ante una situación excepcional, que pasará a los anales de la historia como una de las mayores pandemias jamás vividas. No se libra nadie y muchos ourensanos, que residen en diversas partes del planeta, lo viven desde la lejanía con sus seres queridos. Desde República Dominicana a China, pasando por Inglaterra o Líbano, algunos cuentan cómo lo llevan.

Bañados por el Caribe se encuentran Alba González y Álex Díaz, una pareja de ourensanos que reside y trabaja en República Dominicana. Ambos trabajan en un complejo hotelero de la provincia de La Altagracia. En el país latinoamericano acumulan cerca de 1.400 positivos confirmados y más de 60 fallecidos. El 19 de marzo se declaró un estado de emergencia que instaló un toque de queda nocturno y el cierre de fronteras.

En Inglaterra se encuentra Adán Iglesias, que reside en Exeter, dentro del condado de Devon. La pasada semana trató de regresar a España, tras el confinamiento obligatorio y el cierre del restaurante en el que trabajaba. Tras dos días tratando de regresar a casa desde Bristol, tuvo que regresar a Exeter a pasar el periodo de confinamiento alejado de todos sus familiares y su pareja, que se encuentran en Ourense. 

Marjayoun, en el Líbano, es el destino en el que lleva Manuel Iglesias desde el mes de noviembre. Este guardia civil está desplegado en una misión de apoyo al grupo español de la base multinacional Miguel de Cervantes. En ella implantaron todas las medidas de precaución para evitar posibles contagios en un país que registra 494 positivos y 16 muertos por coronavirus.

El mensaje esperanzador llega desde Taicang, una ciudad próxima a Shangái. Desde allí, Balbino Pérez, un vecino de Cartelle, cuenta que cada día están más cerca de volver a la normalidad. Aunque los controles para detectar contagiados siguen, no son tan estrictos. Los cines y colegios, los únicos que permanecen cerrados.



LÍBANO

En el centro, Manuel Iglesias, junto a dos solados libaneses. Ayer celebraron en la base la Medal Parade, en la que recibió la medalla Unifil.

En el centro, Manuel Iglesias, junto a dos solados libaneses. Ayer celebraron en la base la Medal Parade, en la que recibió la medalla Unifil. 

“Deseo regresar para echar una mano en lo que sea"

anuel Iglesias es un guardia civil ourensano destinado en Líbano, donde vive la crisis del Covid-19 a la espera de finalizar su despliegue de seis meses en mayo. "Todos estamos deseando para estar con los nuestros y poder echar una mano en lo que sea necesario", cuenta desde la base multinacional Miguel de Cervantes en Marjayoun. Este es su tercer destino internacional, tras pasar por Bosnia en el 2000 con la OTAN y en Haití entre 2006 y 2007 con lo ONU, como ahora en el Líbano. Es esta ocasión se encontró inmerso en una pandemia mundial, sobre la que ya tomaron medidas: "Hace tiempo que estamos concienciados y tomamos todas la precauciones para no tener casos en la base", indica. Ayer, en la Medal Parade, recibió la medalla ONU –misión Unifil– por su trabajo desempeñado en los primeros tres meses: "Estamos aquí para dar apoyo al grupo español en la base".



CHINA

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Balbino Pérez desde Taicang.

“Cada día estamos más cerca de la normalidad"

 Taicang ven la luz al final del túnel. Balbino Pérez es un ourensano que trabaja en esta ciudad china, próxima a Shangái: "Cada día nos acercamos más a la normalidad", señala. Tras pasar tres semanas confinado en casa, periodo que cumplió el 10 de febrero con su vuelta al trabajo, la situación se levantó "tímidamente. Ahora las preocupaciones son otras, con las fronteras cerradas para los que lleguen de otros países, lo que le obliga a estar en China: "Lo más difícil ahora es la preocupación por mi familia y amigos. Deseo llegar a casa para ponerme en contacto con ellos y saber cómo está todo", indica.
Desde allí aprecia las diferencias con España. "Aquí lo primero que hicieron fue cerrar las provincias, incluso las grandes ciudades se seccionaron en celdas", explica. En un inicio consideró las medidas que se tomaron como "desproporcionadas", pero finalmente demostraron ser "eficaces". Actualmente se mueven libremente por la ciudad, sometiéndose a controles e temperatura y de la revisión de la aplicación móvil que los tiene geolocalizados: "Es más intrusivo, pero permite controlar a una persona que estuvo en contacto con un positivo o si llega zona de riesgo. Lo prefiero a estar cerrado en casa". Durante cinco semanas abrieron exclusivamente supermercados, farmacias y hospitales. Hoy, lo único sin actividad son los cines y los colegios. 



INGLATERRA

“Es la primera vez que no controlo lo que me pasa"

adaninglaterraLa vida de Adán Iglesias se convirtió en una odisea en su intento fallido de regresar a España. Poco más de un mes después de haberse instalado en Exeter, en el condado inglés de Devon, se encontró con un confinamiento obligatorio y sin poder trabajar. En ese momento decidió que debía volver a Ourense, una idea que no pudo ser. Dejó todo, su habitación alquilada y sus pertenencias con un amigo, cogió una mochila y partió a Bristol.

"Pasé la noche en el aeropuerto porque mi vuelo salía a las seis de la mañana, me desperté a la una y vi que se había cancelado", explica. Por la mañana lo enviaron a un hotel de la compañía a la espera del siguiente vuelo, que también se canceló para el miércoles. "Me recomendaron que llamase a la embajada y su solución fue que me quedase porque tenía trabajo o que fuese a Londres a coger un vuelo directo", cuenta. Ante esto regresó a Exeter, ya que no quería arriesgarse a acudir a Londres, donde se acumulan la mayor parte de los contagiados.

Gracias a que sigue percibiendo su salario, puede mantenerse seguro en la ciudad que le acoge: "Estoy aquí pasando esto solo porque hasta el 19 de abril recibo el 100% del sueldo, luego el 80", indica. Todo esto le provocó "ansiedad" y trata de no pensar en la soledad con la que pasa este periodo: "Es la primera vez que siento que no puedo controlar lo que me pasa". 



REPÚBLICA DOMINICANA

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“Nos recomendaron no ir al hospital si no es grave"

lba González y Álex Díaz trabajan en un complejo hotelero de República Dominicana que cerró sus puertas hace más de dos semanas, con el decreto del estado de alarma y el cese de algunas actividades no esenciales. "Yo me quedé sin trabajo. Por suerte él sigue empleado para cubrir el mantenimiento mínimo", explica González. Ella percibe un subsidio mínimo de 200 dólares que le ofrece la empresa mientras dure la situación. "Si no fuese que él trabaja, tendríamos que buscar cualquier forma de regresar a España", señala. De hecho, González lo intentó: "Los aviones estaban a disposición de los turistas y la embajada ni si quiera nos contestó", afirma. Su principal miedo deriva de la precariedad del sistema de salud del país: "Nos recomendaron que en caso de tener síntomas no acudiésemos a un hospital si no es grave", afirma. Aunque todo el país vive en un toque de queda nocturno, de 06.00 a 17.00 horas, ellos viven su propia cuarentena dentro del complejo. González aprecia que es una situación complicada ante esta crisis para una población que "vive al día".