HISTORIAS DE UN SENTIMENTAL

Reunión de los alumnos setentones de los Salesianos de Ourense como cada año

Patio de los Salesianos y actores de una función.
photo_camera Patio de los Salesianos y actores de una función.
Fernando Ramos comparte con los lectores de La Región la reunión anual de los antiguos alumnos de Salesianos de Ourense

Como todos los años, los antiguos alumnos salesianos volvieron a reunirse en una visita al colegio y un tradicional almuerzo. La casi totalidad de los reunidos superan los setenta años y cursaron el bachillerato en la década de los sesenta. La reunión la organiza y coordina con gran entusiasmo Luis Rey. Es un encuentro memorable en el que afloran viejos recuerdos, anécdotas y vivencias compartidas. Todos los años, hablamos de las tortas o sopapos que nos daban los salesianos, que los daban de tres en tres. Y los llevamos todos, dentro del sistema pedagógico de aquellos tiempos. Ninguno de nosotros padeció ningún trauma. Al contrario, recordamos a aquellos expendedores sin rencores, sino con agradecimiento y efecto. Por eso esta reunión es un vivero de recuerdos de quienes contribuyeron de modo decisivo a hacernos hombre de bien, como se decía antes.

Tenemos que agradecer, insisto, en el trabajo de Luis Rey que es el nexo de unión entre todos

Una de las cosas que rememoramos con especial cariño en nuestra educación, fue el modo en que nos inculcaron el amor al cine, al teatro y a la música. No en vano San Juan Bosco es el patrono del cine. En el viejo colegio en los años sesenta funcionaba una emisora local, conectada a las clases, donde yo me inicié en la radio, por lo que puedo decir que, en mi caso, fue el canal de origen para lo que luego fuera mi vocación y trabajo en las ondas y en la prensa. Tenemos que agradecer, insisto, en el trabajo de Luis Rey que es el nexo de unión entre todos.

Estos días estoy recuperando de los archivos de mi propio paso por el colegio, donde había cine todos los fines de semana, y sobre todo montábamos obras de teatro, concursos de recitales, y hasta zarzuela. Una de aquellas obras de este género fue “Ábrete sésamo”, que era una versión del cuento “Alí Babá y los 40 ladrones”. Uno de los actores más destacados, aparte de mí mismo, que era de capitán de los bandidos, con quien se contaba en el reparto era Secundino Guzmán Boimorto, que luego fue cocinero del Hospital general y otros conocidos compañeros de aquel tiempo. Recuerdo que montábamos obras como “Murió hace 15 años” o “Horas de peligro”. La actividad cultural era muy intensa en los años sesenta. Las obras eran siempre interesantes, con alguna conclusión ejemplar y positiva. En las funciones también participaban los profesores.

Patio de los Salesianos y actores de una función.
Patio de los Salesianos y actores de una función.

Es evidente que los tiempos han cambiado, pero los Salesianos de Ourense conservan el viejo ambiente que nosotros conocidos, especialmente en el ámbito de la cultura y el deporte, que os daba opciones a que cada uno tirara por donde más le apeteciera. Lo que me preocupa es que los ex alumnos que nos reunimos pertenecemos a una franja de edad muy determinada. Encierra un dato sociológico resaltable. Vamos a ver si conseguimos que los que vinieron detrás se van sumando. Pero es evidente que la sociedad ha cambiado y no todos se consideran concernidos por el flujo creado en otros tiempos.  Por otro lado, he vuelto a encontrarme con viejas fotos del 24 de mayo que era una fiesta muy celebrada en Ourense en aquellos años, en que se sacaba a la calle su imagen en procesión y los alumnos de los salesianos desfilábamos por las calles del centro. Íbamos de blanco, pantalón y camisa y corbata negra. Es un día muy recordado. 

Fui a saludarlo y me negó que era él. Rara excepción la de este sujeto. A otro le llamábamos “El cebollas”, que como estaba calvo le cantábamos: “¿Qué es aquello que más a la salida del sol. Es la calva del «cebollas» que la lavó con mistol”

Hay un dato que me gusta subrayar, dado que los Salesianos aglutinaban esencialmente a alumnos de familias de clase media y baja, trabajadora, en tanto otros centros tenían otros perfiles. Todos los profesores tenían mote o hipocorístico e incluso un poema satírico. El más conocido era Don Jesús, profesor de Física y Química, conocido como “el Lipoides” que hasta tenía su canción: “Grasas y albuminoides forman todos los lipoides”. A otro profesor, algo pedante, lo llamábamos “El currancán”. Abandonó el orden sagrado y me lo encontré en bañador en una playa de A Coruña. Fui a saludarlo y me negó que era él. Rara excepción la de este sujeto. A otro le llamábamos “El cebollas”, que como estaba calvo le cantábamos: “¿Qué es aquello que más a la salida del sol. Es la calva del «cebollas» que la lavó con mistol”. Aparte, había un canto dedicado a la fiesta del director que decía: “Así como los pájaros y flores, se alegran al venir la primavera, así se alegran hoy tus hijos, al celebrar con júbilo tu fiesta”. Siempre que me encuentro con José María Fonseca Moretón, otro compañero de aquellos días, la cantamos. De todo esto y otras cosas hablamos los veteranos que nos reunimos cada año en Ourense y lo seguiremos haciendo mientras sigamos aquí, con la esperanza de que nuestro ejemplo cunda.

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