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Serra do Quinxo, algo recuperada tras el fuego

A serra do Quinxo, dentro del parque Natural Baixa Limia serra do Xurés, está enteramente enclavada en el término municipal de Entrimoy arranca prácticamente de Pereira hasta Olela
Xunta das Augas o dos Rios, que en las bajas del embalse de Lindoso aun se pueden ver.
Xunta das Augas o dos Rios, que en las bajas del embalse de Lindoso aun se pueden ver.
Serra do Quinxo, algo recuperada tras el fuego

A serra do Quinxo, dentro del parque Natural Baixa Limia serra do Xurés, está enteramente enclavada en el término municipal de Entrimo y arranca prácticamente de Pereira hasta Olelas, una decena de kilómetros en línea recta. Alcanza casi los 1.200 metros de altitud y sufrió un devastador incendio hace dos años que la dejó completamente arrasada; ahora, recuperada en parte en su monte bajo, permite un tránsito más fácil y unas vistas que por los altos son envidiables y que en el roquedo cimero se notan menos las huellas de aquellos fuegos. Antes del incendio fue paso obligado de la Camiñada de montaña del concello de Entrimo.

Al concello de Entrimo le vinieron mal dadas con el incendio de 2017, pues su riqueza en pinos se vio muy mermada sobre todo en las faldas sur de la sierra do Quinxo, que por arriba pelada y en el flanco noroccidental, el que cae a Portugal, sin arboleda el monte bajo, preservado de aquellos devastadores incendios. La caminata da la oportunidad de ver las consecuencias que los incendios van dejando en un monte que tardará decenas de años para recuperarse solo en parte, porque a la flora destruida hay que añadir la fauna y, sobre todo, esa que no se ve. El paisaje puede ser desolador pero compensado en los roquedos y las hermosas vistas.


Hacia O Quinxo-Olelas


La ruta comienza en Pereira, en el flanco del derrame serrano que se pierde hacia Guxinde. Pereira, que muchos vecinos tuvo y próspera vida, ahora reducido a unas docenas en un despoblamiento irrefrenable aunque haya un par de vecinos animosos que tiren por aquello.  Por Pereira, la primera vez anduve de charla con un vecino, Faustino, que nonagenario todavía entregado a las labores de campo, y de nuevo sorprendido de ver a otro de la misma edad, Pepe Caín, bajando montado en su burro, ya de regreso de una visita que me dijo al menos semanal a los altos do Quinxo.

Partimos en dirección oeste por desgastada pista, con magnífico empedrado en el tramo de pendiente; en la segunda fuente, la de O Pousadoiro, nos desviamos a izquierda, que más arriba por el llano durante unos centenares de metros, casi por el crestón, cuando debes superar otra elevación donde a derecha se veía un cercado sembrado por los cazadores para las perdices, pero que el fuego no respetó. Estamos cerca del coto da Marela, ya abandonada la pista después de la exigente subida; la orientación de nuestra ruta la marca la cima del Quixo, porque la señalización aquí ausente; allí donde está o Outeiro de Quintano  antes pastaban las vacas, se veían huellas del lobo y una pareja de inmaduros buitres leonados.

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La cima del roquedo ofrece unas vistas espléndidas hacia el embalse de Lindoso y las circundantes Picos da Fontefría, Pé do Cabril, SantaEufemia, Louriça, serras de Amarela e do Soajo y Peneda; si avanzamos sobre una gran roca repleta de marmitas veremos a nuestros pies el embalse de Olelas, para represar unas aguas en aquella reducida cuenca de recepción, antes del llegar a la cual han de salvarse unos peñascales donde te puedes encontrar a una vaca pariendo, como fue nuestro caso o unas espinosas alambradas en el camino que converge con el embalse o laguna donde en desuso como área recreativa. Luego de descender esos más de 400 metros que nos sitúan en Olelas, una aldea que vida próspera tuvo, ahora de menos habitación; incluso un bar funcionaba a modo de tienda también. La aldea, que es alargada, de cierta vinculación con su vecina portuguesa de Varzea, del otro lado del rio Laboreiro.


Xunta das Augas y Pozas de Mallón


Desde aquí tiramos en dirección norte hacia la confluencia de los ríos Laboreiro y Peneda, en la llamada Xunta dos Rios o das Augas que pozas con cascadas hacían del lugar un paraje único, pero hoy las aguas del embalse de Lindoso las han cubierto y solamente en las bajas se ven, como ahora cuando tomamos a lo largo del curso del rio de Castro Laboreiro, que limita con Portugal hasta A Ameijoeira. Remontando por pista que pronto se convierte en sendero, cerrado hasta hace poco por tojos, ortigas, zarzas, ahora de franco paso que te lleva a las cascadas y pozas de Mallón que con las de o Muiño do Frade aguas arriba son las más espectaculares de este rio, que más arriba besa las murallas del castro y luego castillo de Castro Laboreiro.

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El camino desde Olelas señalizado por el parque te hace pasar a la vera de Ribeiro de Baixo para comenzar a subir por la falda noroccidental del Quinxo hasta donde una señal marca que de frente a Ameijoeira y a derecha a Pereira, lugar de partida.