Ourense

Entre tierras raras, aún calientes urnas y un sentido funeral

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Entre tierras raras, aún calientes urnas y un sentido funeral

De retorno a casa me doy de bruces con Emilio Rial, director general de Coren, que dice que me lee, y yo me pregunto de dónde saca el tiempo

Asisto, casi por casualidad, a una que resultaría magistral conferencia del doctor investigador del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CISC) Ricardo Prego en el Ateneo, esa sociedad cultural que, a pesar de las apreturas, sigue ahí y reside, es un decir, en el edificio Simeón, al que me niego a reconocer por otro nombre dada la tradición y lo que para la economía ourensana y gallega tuvieron los grandes almacenes y banca Hijos de Simeón García. Pues bien, después de la presentación por el geólogo Eduardo González Clavijo, que me pareció un modelo de brevedad y concisión, entró el dr. Prego a explicarnos lo que eran las Tierras Raras de las que dependen nuestras altas tecnologías, de tal modo que si de aquellas careciésemos, o China en este caso, volveríamos a 1960 lo que más o menos significa que yo, en lugar de darle al teclado con pantalla, tendría que usar la Olivetti o la Remintong o cualesquiera otras y todo eso que recordamos de aquella época. Si breve fue el geólogo, de una concisión y precisión de cirujano, el conferenciante que tuvo al apiñado auditorio con ganas de más, por obra y arte del expositor y por la materia de esos minerales poco conocidos como el Terbio, el Itrio, el Tunsgteno, el Iridio, Indio…

Mientras las urnas recibieron los sobres, la ciudad con un orballo,  con más paraguas abiertos de ciudadanos al paso. En estas circunstancias me encuentro con Julio Bouzo, presidente de la Escudería Ourense que viene con su esposa, con el que obligado a intercambiar al menos unas palabras donde a relucir sale ese mundo del automovilismo deportivo que uno a veces no se explica como puede subsistir, sobre todo por el coste que representa para cada participante, salvo que alguna casa te patrocine, pero muchos se procuran publicidad a costa de un auto anuncio, que aún así nunca amortizarán el coste…pero es que olvidamos que la afición puede con todo.

De retorno a casa me doy de bruces con Emilio Rial, director general de Coren, que dice que me lee, y yo me pregunto de dónde saca el tiempo este ocupadísimo amigo, corredor de fondo que en algunas maratones continentales se anduvo. Coincidí con Emilio, yo en retiro de carreras de fondo y él comenzando cuando salía a trotar por la ciudad con él, con Pepe Troncoso, Jorge Barril, Rafa Cabezas, Paco Outeiriño y unos cuantos más desde Os Remedios. Íbamos por la Avda. de Portugal, M. Macías, calle Coruña, San Francisco, Fonte do Monte; bajábamos por Pardo Bazán, Universidade, Ponte Nova, tras Estación, Ponte Vella y a meta en el Pabellón. Esto se hacía una vez por semana y a veces dos.

También recordamos una montañera en los lindes de Portugal cuando en la raiana aldea portuguesa de Santo André , que los del otro lado de la frontera decían o alguna vez les oímos decir Santander, escuchamos como silbato, no de capador si no de panadero al uso por entonces, antes del consabido claxonazo de hoy, que burros cargados traía, el cual llamaba a concurrencia a los aldeanos para venderles unos panes, que se pesaban no en la romana del panadero, si no en las de cada vecina compradora.

 Aprovisionados, no recuerdo si de pan pesado en su romana o en la de alguna paisana pero, que por aún caliente, nos estimulaba para trepar a las cimas de esa sierra compartida entre Galicia y Portugal, que es la del Larouco, que convertimos en casi mística ascensión un invernal y por demás soleado día, que aún así precipitó nuestra huida de la cima al abatirse una niebla que traía tras de sí un frío de tal intensidad que nunca experimentado en las alturas, lo que nos obligó a una retirada a la carrera so riesgo de hallarnos en  hipotermia, a pesar de ir provistos de anoraks. Un fenómeno que otro no recuerdo por esas montañas y que Emilio y yo rememoramos.

Cuando, por la tarde yendo de funeral, aunque poco amigo de ellos, pero obligado por razones de una amistad de lejos con Emilio Muñiz, que acaba de pasar el esperado trago de la ausencia de Merchi Mazaira, que pareja de la que los mejores recuerdos cuando, de estancia en París por dos décadas como representante Emilio de la Ceca(Confederación Española de Cajas de Ahorro) y que convertían cada visita a la capital francesa, referente entonces más que ahora del turismo, en unos guías indispensables para amigos o simples conocidos a los que recibían y mostraban todo lo que la capital de Francia vendía fuera y atraía a esa meca del turismo: Los museos del Louvre y Quaie D'Orsays, Torre Eiffel, Los Inválidos, Montmartre y mucho más, o en las afueras  el palacio y los jardines de Versalles;  estaban dispuestos para acompañar a todo cuanto le requería, que siempre la impresión tenías de hallarte ante los mejores anfitriones de los posibles. La pareja Merchi-Milucho era imprescindible y en París, donde superaban con creces al mejor cicerone; además, con su optimismo, pruebas de amistad, humor y buena disposición, lo convertían o multiplicaban todo. Las amigas de Merchi le dedicaron unas letras muy sentidas el día de su partida, que mejores no se podrían escribir. Y así fueron a expresárselo al funeral de Arrabaldo, un muy numerosos grupo de amigos, de esos que haces y te responden cuando has dejado huella de tu paso, porque no hay que negarle a la pareja que fue, esa empatía que dejan alrededor como hemos visto en este acompañamiento final que congregó a amigos venidos, no de al lado precisamente, y en el que no faltó la voz de la fadista María do Ceo, que presta a dar su voz también allá donde o la amistad o una buena obra lo requieran.