REPORTAJE

El viaje al pasado de los Cid-Gutiérrez en Seixalbo

Cuatro generaciones festejaron que son familia y que sus orígenes están en Seixalbo. En torno a distintos actos, 114 personas viajaron al pasado para desgranar la saga Cid-Gutiérrez. Y para el recuerdo, una foto de grupo que habla de pasado, presente y mucho futuro.

Las instalaciones de restaurante Cabú fueron escenario del último acto del programa "Una familia, un reencuentro y un viaje al pasado", con una concurrida comida (arriba a la izquierda).
Las instalaciones de restaurante Cabú fueron escenario del último acto del programa "Una familia, un reencuentro y un viaje al pasado", con una concurrida comida (arriba a la izquierda).
El viaje al pasado de los Cid-Gutiérrez en Seixalbo

Las ganas de hacer familia suplieron a la física cuántica para que los Cid-Gutiérrez viajasen en el tiempo hasta llegar a sus orígenes a comienzos del siglo pasado. El punto de partida -o llegada, según se mire-, el matrimonio formado por Josefa Gutiérrez Lorenzo, oriunda de Seixalbo, y Celso Cid Conde, natural de Mesón de Calvos (San Cibrao). Desde entonces, seis generaciones han dado continuidad a esos apellidos. 

Este sábado, más de un centenar de descendientes se subió a una cápsula infalible: la memoria y las ganas, según dicen, de "fomentar los valores familiares de unidad". A través del testimonio de cuatro generaciones -la mayor es Lina Cid Boó (86 años) y la más joven, Aroa de Francisco Cid (siete meses)- y con las anécdotas de seis vecinos, los más longevos de la localidad, reconstruyeron su intrahistoria. 

Una efeméride que reunió este sábado a 114 -algunos no se habían visto nunca- de un total de 136 descendientes directos en torno a distintos actos: desde una misa cantada al homenaje en el cementerio, con música y niños recitando los nombres de los que ya no están, o la plantación de un "teixo" al lado de la iglesia, toda una alegoría de  futuro.Familia Cid-Gutiérrez

En el fin de fiesta, el escenario se trasladó al restaurante Cabú, en donde todos ellos festejaron que son familia. Se sirvió embutido, chipirones, brochetas, almejas y entrecot... Ya fuera de menú, la emoción sirvió alguna que otra lágrima.


La iniciativa


La idea de esta gran reunión cuajó el pasado verano entre un grupo de primos de la cuarta generación. Desde entonces se organizaron para recabar información e ir pergeñando la celebración. Reunieron hasta 713 fotografías; entrevistaron a los mayores de Seixalbo, indagaron en los libros parroquiales, realizaron árboles genealógicos y documentaron un dosier. Sobre todo, aunaron voluntades para querer verse, aunque hubiera kilómetros de por medio (algunos llegaron este sábado desde Catoira y Lugo). Al fin y al cabo, tal como rememora Alejandra Picouto, una vecina de 91 años, que colabora en el vídeo de 18 minutos que se exhibió tras la comida, "os Gutiérrez siempre foron moi bailarís", en alusión a su carácter fiestero.

Así, supieron que Josefa, la matriarca fundadora, falleció el 2 de junio de 1939 con 54 años. Y que hasta era "zalamera". Su marido Celso, caminero de profesión, había muerto un año antes -el 7 de enero de 1939-, sin que conste en ningún documento la edad.

El matrimonio tuvo cuatro hijos -Rogelia, Lino, Celso y Rosa-. Todo ellos conformaron la tradicional familia gallega, afincada en la calle Regata, en la que la vocación profesional formaba parte del ADN : Celso fue caminero, como su padre; Lino trabajó en el ferrocarril y tuvo un hijo, Alfredo, que fue maquinista del Expreso a Madrid -los vecinos recuerdan que al enfilar Seixalbo, a las doce de la noche, hacia sonar el pitido del tren para saludarlos-. Las mujeres también tuvieron oficio: la "sociable" Rogelia con su mítica tienda-bar y Rosa dejándose la piel como jornalera o cuidando el ganado. 

En Seixalbo, estuvo "a tienda da Rogelia", un local lleno de vida que tanto vendía los afamados pimientos como servía los convites de boda; la fábrica de gaseosas que fundó Lino con el nombre del pueblo -algo muy típico en aquella época- o la pescadería "Chelo".

Todavía hoy, el lugar de origen está en la vida de muchos de ellos. Un tercio continúa residiendo en la localidad. Por esa razón, cuando uno entra en el pueblo y pregunta por  los Cid-Gutiérrez, los vecinos requieren algo más de precisión.