Sociedad

Los colindantes fronteros

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Los colindantes fronteros

Parcial vista de la cascada da Cidadella, cuyas aguas mueren en el cercano Mente.
photo_cameraParcial vista de la cascada da Cidadella, cuyas aguas mueren en el cercano Mente.

Por esa siempre interesante frontera sur, las gentes antaño que incomunicadas nos parecían, realmente de incesante intercambio con las de allende la frontera, no pocas veces contrabandeando. Cuando alguno te dice que pasaba tales quilos de café, aceite, bacalao, a lomos propios casi siempre, o se transferían semovientes o lo que fuere, que de todo se hacía intercambio o comercio; las mercancías. Comparando el peso de nuestras mochilas, donde héroes nos creíamos, nos vemos reducidos ante las gestas porteadoras de aquellas gentes que encima deberían transitar los parajes más agrestes, porque los fáciles y a veces los difíciles muy guardados por esos carabineros de acá o guardinhas de allá. Una pesada carga de sobrevivencia no exenta de peligros. Seguimos tanteando el peso de nuestras mochilas para desprendernos de esa aura como de montañeros de monte a traviesa.

Así que rodando por esa raia dimos en a Trave, que no sé si con uve o be, porque se ha visto de dos maneras escrita, asiento hicimos de auto en su más occidental casa donde una vecina entregada a las agrícolas faenas en su hermosísima y plana huerta, de prado rodeada en una parte, que de tan amena ganas daban a uno de emplearse en esas faenas en tan floreciente campo donde el ramaje de las patatas ocupaba gran parcela, las sandías, melones, calabazas, otra, o donde las judías o habas ya trepaban por sus estacas, las lechugas aguardaban las ensaladas, y de tanta variedad de la que habría de escribirse un largo párrafo. De animada charla con la hortelana saldría a colación Joaquín Prado Barazal (que no Berdeal, como escribí en anterior artículo), el pan del Barazal, de Castrelo de Abaixo, porque ella consumidora de él; por allí lo distribuyen a golpe de claxon como habitual en estos tiempos y en otros, a lomos de caballerías, anunciándose con cornetín o a viva voz como el pregonero, o  el capador con su silbato o el afilador  con el suyo.

De encuentro con la misma raia por caminos, hoy térreas pistas, que descienden a lo profundo para pasar el río Mente  por un poldrado puente aguas arriba. Unas vistas se ofrecen, no frecuentes de ver, en esta frontera que también está a caballo entre la vegetación atlántica y la mediterránea, ya que de jaras, encinas, castaños y robles y, desde luego, grandes parcelas de castaños cultivadas o aradas y muchos plantones a los que cuesta hacerse adultos productores, porque se ve en su arranque que no acaban de consolidarse; de hecho, nos dicen, se mueren muchos en estas tierras de cultivo de la castanea sativa de la que se hace un modus viviendi.

Al paso, Tomonte, de media docena de casas y un terreno circundante  a huerta, cuando más abajo nos acomodamos para el ágape a más mesa, que lo era, y de piedra, y no a manteles, acompañados por el rumor de la cascada de a Cidadela a la que en su tramo medio atraviesa el mismo fronterizo linde, quedando al suroccidente la recogida aldea lusa de Sigirei.

Las aldeas de Rexoxende y Terroso podrían ser las próximas estaciones camino de Arzádegos, esa otra aldea loada por su nativo J. Noguerol del que unos dicen que más escribe que visita, convecinos éstos que podrían ser Juan Manuel, Carolino se dice y lo dicen, y Lola, la mesonera,  la cual corrobora  que aquel  soltería luce a sus muchos años, más por la puerta que las mujeres le dieron que por sus ansias de celibato. Vecinos con los que departimos mientras libábamos unos cafés enfriados por cubitos de hielo, protegidos del Phoebi rigoris en la umbría de una casa.

El alombado Mairos, próximo en la cima, se avista por los veteranos molinos contra los que D. Quijote nunca podría trabar ni desigual duelo y que nosotros oiríamos en su incesante paleo no exento de rumorosidad, luego de plantarnos en  esta cumbre, que como señalaría el más versado de nosotros en la antigüedad,  lugar mítico o sagrado por un entorno poblado que dotaría a este redondeado otero como lugar sagrado, a todas luces, que , tal vez, se refuerza con un monumental monolito, que le da ese arcano.