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El oso galaico

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El oso galaico

Estas montañas limítrofes con León ya han recibido la visita del oso. ¿Se asentarán?
photo_cameraEstas montañas limítrofes con León ya han recibido la visita del oso. ¿Se asentarán?

Anda, dicen, vagando por nuestro sistema Central (San Mamede, Invernadeiro, Fial das Corzas, Samión y Queixa) dos osos que, avistados en Os Ancares, fueron ganando territorio hacia Occidente.

De montaña con el amigo Carlos R. Pereira, allá por la sierra berciana de Gistredo, me enteré, después, que más de un oso se había adentrado en ese sistema que se acaba en el Catoute a más de 2.000 metros. Confieso que cierto temor me invadió cuando terminamos las cervezas con gaseosa en el punto de partida: Las Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, acaso el pueblo más largo, toponímicamente, de toda la Península. Aún conociendo que el oso pardo cantábrico no representa peligro para el humano, siempre te viene a la memoria el mortal abrazo de un oso al rey astur don Favila, o esos grizzlis u osos negros americanos, o de Kanchstka, que son los imprevisibles y fieros de su especie. Pero asusta encontrarte con un úrsido por su imponente tamaño, no obstante conociendo lo que de plus añaden a la montaña, juntamente con el lobo.

Por aquí si no tenemos una sierra Ursaria, si un topónimo o zoónimo, en este caso, con Oseira, un monasterio gallego con tres claustros que se asienta en el costado occidental de la sierra da Martiñá, que es como continuidad de los montes del Faro de Chantada. En esta sierra da Martiñá ,que uno pateó hace décadas, hay una aldea, del mismo nombre, que le denomina o viceversa y donde un amigo tenía una granja de cerdos, que no sospechaba que era suya hasta que nos quedamos si no horrorizados, sí sorprendidos de que en lugar de perros para su custodia tuviese dos lobos encadenados que luego hubo de poner en manos de la autoridad competente. Como se decía, que no sabemos si liberó, sacrificó o reintrodujo a ese par de cánidos salvajes, luego de un aprendizaje en el medio. Pero mucho nos temimos que los lobos no iban a prosperar por cogidos de cachorros en cautividad tan contra natura. Es que nos dijo el amigo, que matada la madre, los lobeznos estaban tan desamparados que se morirían. Así comenzó desde la prehistoria la domesticación del lobo para convertirlo en fidelísimo lacayo del hombre, de utilidad para protección de sus rebaños, de compañía o defensa   mientras las culturas mesoamerianas los criaban para comérselos mientras los expedicionarios españoles los adiestraban para el ataque en sus expediciones de conquista.

Los osos, dicen, desaparecieron de nuestros montes a mediados del XIX cuando se cazó al último. La protección de esos colmenares rodeados de altos muros, aquí albarizas, indican claramente la presencia del ursus porque sabido su gusto por la miel, bien construidos deberían estar los muros para resistir el embate de los corpulentos plantígrados que no iban a resignarse fácilmente a privarse de su postre favorito.

El ursus arctos arctos de asentarse en el territorio, en milenios podría evolucionar hacia una nueva subespecie: la del ursus pardus gallaicus. Este enorme omnívoro puede llegar a pesar 250 kilogramos y vivir más de una veintena de años y en régimen de cautividad hasta 10 años más.

Por las barriadas de nuestra ciudad aparecían con sus carromatos, los que nosotros decíamos, húngaros o gitanos centroeuropeos, quienes montaban su espectáculo en torno a un círculo de espectadores haciendo bailar al encadenado oso en sus patas traseras a los sones de más tambores que flautas. Era  una atracción esperada cada año en las barriadas del suburbio, y que entonces tomábamos por natural y esperada y al que acudíamos a hurtadillas no fuera que el pater familias lo prohibiese.

Mientras tanto, luce en algunos escudos de armas, como el del monasterio de Oseira, a la espera de merodear por las faldas de aquellas montañas.