Sociedad

Pagar por sexo para reafirmarse

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'EL PUTERO ESPAÑOL'

Pagar por sexo para reafirmarse

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photo_camera La profesora Águeda Gómez, una de las autoras de 'El putero español'. (UVIGO)

El libro de tres investigadoras de la Uvigo revela que la compra de sexo "no se da sólo por el placer sexual, sino que más bien busca reafirmar una identidad masculina en constante transformación"

Un estudio realizado por tres investigadoras de la Universidad de Vigo, Águeda Gómez, Silvia Pérez y Rosa María Verdugo, revela entre sus principales conclusiones que la compra de sexo de pago por parte de hombres "no se da sólo por el placer sexual, sino que más bien busca reafirmar una identidad masculina en constante transformación".

Estas son algunas de las conclusiones que las investigadoras recogen en el libro 'El putero español' (Editorial Catarata). En dicho estudio, esgrimen que un consumo masivo de sexo de pago es "un claro síntoma de una cultura afectivo-sexual hegemónica" donde la educación ha quedado relegada en muchas casos a películas pornográficas "con un erotismo basado en la humillación de la mujer".

Los resultados los han extraído de un análisis elaborado a nivel nacional sobre "las motivaciones que llevan a los clientes a consumir prostitución a través de las explicaciones que ellos mismos daban", detalla Gómez, profesora del departamento de Sociología, Ciencia Política y de la Administración y Filosofía de la Universidad de Vigo.

En Galicia, estas expertas contabilizan la existencia de más de 240 clubes de alterne y unos 323 pisos de contactos en Galicia, unas cifras de la prostitución en la Comunidad gallega, donde más del 30% de los españoles reconocen recurrir habitualmente a estos servicios, que frecuentan cada día 1,5 millones de hombres a nivel nacional.

"Para mí lo ideal sería que fuese gratis, aunque del precio no me quejo", "son más baratas que tener pareja", "son todas unas putas, sólo que a unas les pagas y a otras no", son algunas de las frases que las estudiosas han establecido como más repetidas a lo largo del trabajo de campo, en el que concluyen que existen cuatro grandes grupos de consumidores: el misógino, el amigo, el mercantilista y el crítico.

Según las investigadoras, mientras en el primer grupo aparecen los clientes que en sus discursos muestran "un desprecio muy grande hacia las mujeres", en el segundo, el cliente muestra un punto de vista totalmente contrario: "son hombres que desarrollan su sociabilidad en espacios prostitucionales y que acaban teniendo relaciones afectivas o incluso de pareja con las prostitutas, que empatizan con ellas, pero que nunca dejan de ejercer el privilegio de consumir".

"Igual que unos están acostumbrados a ir a un bar todos los viernes ellos van a un club de alterne, donde las relaciones sociales son más fáciles y amables... porque en eso se basa el negocio", apunta Gómez.

En lo que se refiere al perfil del consumidor crítico, señalan que corresponde con el de una persona que "al menos alguna vez consumió prostitución por ser parte "de la subcultura masculina", habitual en despedidas de solteros, cenas de empresa y fiestas de fin de curso.

Sin embargo, para ellas el perfil más sorprendente es el del mercantilista", normalmente gente joven con formación que aunque ha recibido una educación no sexista y que "acude a, sexo de pago porque aplican una lógica consumista", relativa a tratar a estas mujeres como "un producto", pero "sin detectar ningún problema ético".

La investigación, financiada por el Instituto da Muller, la unidad de Igualdad de la Universidad y el Ayuntamiento de Ourense, también ha sacado a la luz que "casi todos los hombres tuvieron algún contacto con un espacio prostitucional".

"Tras nuestra investigación y comparando con los resultados de otro estudio hecho en Francia, llegamos a la conclusión de que la compra de sexo de pago no se da solamente por el pacer sexual, sino que más bien busca reafirmar una identidad masculina en constante transformación.

En el libro, estas mujeres recogen los cambios experimentados por el mercado del sexo con la llegada de la crisis, o la incorporación de mujeres españolas a este mercado, con la característica de que lo hacen en espacios "más discretos" como pisos.

También diferencian entre propiedades de la industria sexual minifundista y latifundista. Así, salvo en la zona de Girona, señalan que en el norte de España abundan los clubes de pequeño o mediano tamaño mientras que en el sur predominan "los macroclubes y franquicias".

Para las investigadoras este consumo "masivo" de sexo de pago obedece a la falta de comunicación y a una "cultura afectivo-sexual dominante entre la población en la que la tradición judeocristiana hizo mucho daño", ha detallado Gómez, quien habla de cierta "anemia afectiva" que se deriva en patologías sociales como el consumo masivo de prostitución.

Detallan que esto prácticamente no se da en otras culturas, donde la prostitución "sólo existe residualmente para el turismo", han concluido.