REPORTAJE

Vivir de la uva en el valle del Bibei

La granizada de hace dos semanas en el Bibei dañó enormente las viñas "heroicas", porque ahí también lo son, de un rincón de la Ribeira Sacra en el que sus gentes luchan por la tierra que aman. Laura Lorenzo es un ejemplo

Imagen de los viñedos en el Bibei, en una empinada ladera de la montaña. Laura Lorenzo muestra otras fincas, en el horizonte.
Imagen de los viñedos en el Bibei, en una empinada ladera de la montaña. Laura Lorenzo muestra otras fincas, en el horizonte.
Vivir de la uva en el valle del Bibei

La historia de Laura Lorenzo y Daterra Viticultores llega a estas páginas tras una tremenda granizada en el valle del Bibei "coma os vellos do lugar non recordan". Las piedras de hielo que cayeron en las tierras de Manzaneda y Trives, arrasaron con un 80% de la uva de este año, afectando sobre todo al pequeño viticultor que en muchos casos llegó a quedarse sin nada. Laura Lorenzo lo cuenta en las redes sociales. Testigo en primera persona de la tormenta, horrorizada por lo que estaba viendo, realizó vídeos y fotos que subió a Facebook, Twitter e Instagram, haciendo pública la desgracia. Y llamó a "sus vecinos". Les avisó "porque o demo veu de venres tarde, e moita xente marchou a fin de semana; tiña que avisalos porque había que dar o tratamento ás viñas xa ao día seguinte, se non o sabían e viñan o luns, xa non tiñan tempo de reacción".

Esa es la humanidad de Laura. En su cabeza no cabe "non axudarnos entre nós, somos moi pouquiños e hai que entender que se ao veciño vaille mal, a min tamén me irá mal".

Daterra Viticultores, su proyecto personal, nació con la intención principal de poner en valor un viñedo ancestral y una zona de patrimonio romano. Tras una primera añada en 2014 marcada por la mala climatología, llegó un segundo año con mejores previsiones, hasta que la tormenta truncó sus ilusiones. "Se xa tivera uns cantos anos de producción ás miñas espaldas, veríao doutra forma, pero despois de ver as viñas como quedaron, quixen renunciar a todo".

Pero no lo hizo, a pesar del granizo y de andar medio coja por un accidente casero -"dixéronme que 15 días de reposo co pe vendado en alto, e ¿quén atende as viñas?"-; a pesar de tener que podar y cuidar ella sola las tres hectáreas que suman las 24 viñas repartidas en 25 kilómetros entre Manzaneda y Trives, con la única ayuda de Álvaro, su pareja, que después del trabajole echa una mano. A pesar de todo, Laura no se rinde. Laura Lorenzo se enamoró de la viña en el valle del Bibei. Cuando llegó desde su Allariz natal, "viñen chorando", explica. Contaba sólo 23 años y "non vira unha viña na miña vida". Después de cursar una formación profesional como técnico en elaboración de vinos y comenzar a trabajar en una asesoría enológica, "aquelo de xuntar polviños e darllos a un viticultor para que os votara ás prantas, non era para min, non me gustaba traballar naquelo".

Fue entonces cuando la bodega Dominio do Bibei le dio una oportunidad "precisamente porque non tiña nin idea de viño nin tiña familia que se adicase a eso, querían formarme partindo de cero". Recuerda que el primer año iba y venía desde Ourense capital porque no quería vivir en una zona "na que non había nin xente". Pero el trabajo en la viña, los años de aprendizaje en la bodega, le hicieron amar su profesión "e á terra na que hoxe quero vivir, e da que quero vivir".

Tras ocho años de trabajo en Dominio do Bibei, "a miña universidade", Laura quiso quedarse en la zona y decidió alquilar viñedos a los lugareños, "xente xa moi maior que non os pode atender". Introduce así, poco a poco, la agricultura ecológica en una tierra "de tradición química inconsciente".

Su trabajo hoy lo desarrolla en viñas con edades entre los 80 y los 120 años, dispuestas en bancales de montañas repartidas entre seis pueblos distintos: Seoane, Langullo, Soutipedre, San Vicenzo y San Miguel en Manzaneda, y Mendoia en Trives. Nueve son las variedades de uva que recoge: Mencía, Mouratón, Garnacha Tintorera, Gran Negro, Merenzao, Dona Blanca, Colgadeira, Godello y Palomino. Y algunas que todavía no han conseguido calificar, tanto blancas como tintas.

Daterra Viticultores "debe o seu nome aos homes e mulleres que cultivaron estas viñas durante toda a súa vida, sen os que este proxecto non sería posible". Por el momento, Laura elabora el vino en una bodega de Trives, "pero no futuro quero ter a miña propia adega de elaboración".

La ubicación elegida es el mismo pueblo de Manzaneda, en la que ya rehabilita una casa que "para novembro esperamos vela funcionando". Entre los escombros de la construcción, se catan sus primeros vinos blancos elaborados tras recolectar 3.000 kilos de uva. Otros 5.000 recolectaron para los tintos.

Lo que en su día la hizo llorar, hoy sigue siendo su máxima preocupación: "Non quero que esto se morra. Téñolle preguntado algunha vez a David (alcalde de Manzaneda) cómo te imaxinas esta terra dentro de 20 anos? Pois eu quero facer un Priorato aquí, quero que a xente quede e isto non se perda".