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ESCOLA DE FAMILIAS

Online gambling addiction: ¿de qué estamos hablando?

Cuando se habla de adicciones no solo nos referimos al consumo de sustancias, han emergido nuevas dependencias ligadas a hábitos conductuales

Online gambling addiction: ¿de qué estamos hablando?

Es bien sabido que cuando hablamos de adicciones no solo nos estamos refiriendo al consumo de sustancias, tales como el cannabis, las anfetaminas, la cocaína o la heroína, pues además de estas han emergido nuevas adicciones ligadas a hábitos conductuales; en ocasiones, aparentemente inofensivos pero que, en determinadas circunstancias, pueden tornarse en comportamientos problemáticos.

Entre estas conductas se encuentra la adicción al juego o ludopatía, un trastorno por el cual un individuo pierde de forma progresiva su capacidad para controlar el impulso de jugar, a pesar de las consecuencias negativas dañinas que esto le pueda acarrear. El juego patológico fue considerado por primera vez un trastorno, con entidad propia en 1980, cuando la American Psychiatric Asscociation (APA) lo incluyo bajo la denominación de “gambling disorder” (juego patológico) en su Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM-III). Actualmente, el DSM-V, incluye el juego patológico en el apartado de “trastornos adictivos y relacionados a sustancias”, al entender que las conductas de juego activan centros cerebrales de recompensa de modo similar a como lo hacen las drogas de abuso, pero también por compartir diversos síntomas conductuales (craving, tolerancia, dependencia, abstinencia, etc.) similares a los producidos por éstas.

Dentro de la categoría de juego patológico se incluye un amplio número de modalidades que han ido evolucionando desde los subtipos más tradicionales que tenían lugar en espacios físicos -como bingos, casinos y salas de juegos- hasta nuevas formas que están disponibles a través de la red y que proporcionan un mayor anonimato al jugador, entre los que destacan los juegos de casino online o las apuestas deportivas. 

En los últimos años se ha incrementado de forma exponencial el número de locales de apuestas y también de páginas web que ofrecen estos servicios. En una línea similar se ha disparado el número de jugadores. Según la Dirección General de Ordenación del Juego el perfil mayoritario del jugador es un varón con edad comprendida entre los 18 y los 45 años. Esta misma fuente indica que un 30% tienen entre 18 y 25 años. Pero, aunque la Ley 13/2011, de 27 de mayo, de regulación del juego, en su artículo 6 (Prohibiciones objetivas y subjetivas) deja claro que no está permitido a menores el juego en el que se arriesguen cantidades de dinero u objetos económicamente evaluables en cualquier forma sobre resultados futuros e inciertos, dependientes en alguna medida del azar, se sabe que los menores acceden al mismo bien a través de un adulto que apuesta por ellos, o abriéndose cuentas falsas por internet mediante sus móviles, ordenadores o tabletas, o  incluso en los propios locales de apuestas. 

En los últimos años, los datos apuntan a que el colectivo de personas jóvenes se está incrementando, especialmente entre los integrantes más jóvenes de la generación Y o Millennials (nacidos entre 1981 y 2000) y entre los mayores de la conocida como generación Z, también apodados como Boomlets o Nativos Digitales (2000- Actualidad). Ambos grupos generacionales comparten hábitos de consumo y estilos de vida característicos, pertenece al mundo de la información instantánea y desean resultados inmediatos; tienen ordenadores, smart tv y teléfonos inteligentes, por lo que son altamente dependientes de la tecnología y su sociedad existe en Internet, por lo que son un blanco deseable para muchas empresas que concentran sus esfuerzos en las plataformas digitales. Estos jóvenes, aparentemente tan informados, muy habitualmente desconocen los riesgos de las apuestas deportivas online y se inician en este mundo como si se tratase de un rito iniciático de transición al mundo de los adultos, en un inicio con una sensación de autocontrol y diversión, pero que en no pocas ocasiones se torna en una experiencia adictiva muy displacentera.

Por otra parte, desde el punto de vista educativo se detecta un claro déficit al respecto, pues en la mayoría de las ocasiones las principales instituciones educativas –familia, escuela y otros agentes sociales- omiten en sus labores preventivas el informar sobre los riesgos y el uso responsable de los juegos de suerte, envite, azar o apuestas. Muy a menudo, cuando se habla de prevención de conductas adictivas en adolescentes y jóvenes se ignoran las adicciones comportamentales, tales como la adicción a las apuestas deportivas, al móvil, a las nuevas tecnologías, la vigorexia… materias que necesariamente debemos incluir en la agenda preventiva, conjuntamente con la prevención del consumo de alcohol o el tabaco y otras drogas de abuso.

En general, las personas que presentan ludopatía o juego patológico invierten una cantidad desproporcionada de tiempo en este tipo de actividades, muestran un deseo o preocupación por participar en el juego y se sienten irritables ante su interrupción o imposibilidad. Además, la conducta de juego suele conllevar importantes pérdidas económicas por lo que estas personas, en un primer momento, tienden a ocultar a la familia y amigos su problema. Además, como cualquier trastorno adictivo supone una interferencia grave en el desarrollo personal, social o laboral del individuo, debido a la cantidad de tiempo que invierte jugando o propiciando la situación para poder hacerlo, constituyendo un motivo muy importante de conflicto y sufrimiento familiar.

Cuando el juego deja de ser una actividad voluntaria y se convierte en una conducta adictiva deja de ser gratificante para convertirse en experiencia muy desagradable. Conforme el joven pasa más tiempo con la adicción más se verán agravadas sus consecuencias, las relaciones familiares sufrirán un grave deterioro (mentiras, hurtos, pérdida de dinero, deterioro de la confianza) y se verá incrementad0 con ello el riesgo de incurrir en otras conductas adictivas o cometer actos delictivos. Así la situación lo deseable sería que nunca tuviera lugar la conducta adictiva, no obstante, en caso de que esta tenga lugar se hace fundamental la detección temprana de la misma lo que ayudará a reducir sus consecuencias más negativas, por lo que se hace fundamental que las familias tengan conocimientos sobre el tema y mantengan una actitud vigilante ante esta nueva adicción, y si se ven desbordados por la situación requieran la ayuda de un profesional cualificado.