LEB ORO

¿Lo mejor? El público

La afición superó en ánimo y concentración a un COB negado y sin acierto en el tiro

Sergio Rodríguez, tras el encontronazo con Otegui (XESÚS FARIÑAS).
Sergio Rodríguez, tras el encontronazo con Otegui (XESÚS FARIÑAS).
¿Lo mejor? El público

Seguro que ustedes también sufrieron uno de esos días en los que se les cayó la taza del café y dejó hecho un cristo la cocina. Otro, en el cual el coche se quedó sin batería antes de un viaje. Un tercero donde se olvidaron el teléfono móvil en la mesa de alguna cafetería. Incluso alguna vez cerraron la puerta de casa con las llaves por dentro. Una faena.

Pues al COB le sucedió todo esto, pero el mismo día. En el mismo partido contra un Palencia que ganó sin atemorizar, aprovechando los muchos defectos locales y lo que en tenis se denomina "errores no forzados", con los que el equipo de Gonzalo García de Vitoria podría elaborar un catálogo.

Un partido donde el público estuvo muy por encima de los jugadores, en concentración y ánimo. Los dos mil y pico que se presentaron en el Pazo un veraniego domingo por la tarde, resaca de la Semana Santa, merecieron algo más que un relativo final emocionante.

21-28 ¿Esto qué es? ¿El primer cuarto? ¡La primera parte! COB y Palencia se esforzaron en terminar con 20 pérdidas de balón y un triple de 19 intentos -algunos sin rozar el aro- sin más destellos que la dirección de Pepo Vidal por parte de unos y el acierto de Hermanson por parte de los otros.

Cierto es. El estilo del Palencia no es una oda al baloncesto elegante y bello. Sus pívots Rokas Gustys y Milenko Veljkovic no encajarían en el ballet imperial ruso por sus exquisitos y gráciles movimientos. Pero el que no pudo estar a su nivel, siquiera a la velocidad de crucero, fue un COB sin ningún referente consistente y regular en ataque.


El empujoncito


El público también entendió que no era el día de los violines y optó por provocar los tambores. La diferencia palentina alcanzó los 14 puntos y, en cierta forma, gracias al empuje de la grada -volcada contra los árbitros y contra el visitante Urko Otegui- se provocó la reacción de los locales.

A trancas y barrancas, con mucho corazón, testosterona y escaso seso, se logró rebajarla a tiro de triple a falta de menos de siete segundos, 52-55. Un auténtico logro.

Los jugadores, los entrenadores, las aficiones, los medios de comunicación, el personal del recinto... Hasta el Lobo, bajo su máscara, sabía quien se jugaría el último tiro. 

Jhornan José Zamora Mota. Licenciado en canastas increíbles por la Universidad de Caracas. Premio Cum Laude en lanzamientos decisivos en los últimos segundos. Con dificultad recibió el balón y con apuros logró dirigirlo hacia el aro, muy presionado por su defensor. Aro y poco más. Derrota.

Cualquier genio hace un borrón. Que se lo digan a Curro Romero. No se lo tendremos en cuenta. La estadística previa tampoco auguraba fiesta, el COB había fallado los 18 triples anteriores.

Una derrota que deja mal sabor de boca. Un regusto que podría enjuagarse si el COB recupera su nivel el próximo viernes, en el último partido de liga regular -esperemos que no de la temporada- en un Pazo que quiere marcha.