Los ultramarinos, un salvavidas para el rural
María del Carmen Estévez -Carmiña- decidió un día tomar el relevo al mando de uno de los establecimientos emblemáticos de la Baixa Limia, la tienda de ultramarinos fundada hace casi 100 años por Domingos Silva. No se arrepintió.
Las tiendas de ultramarinos han sido durante décadas seña de identidad en los perqueños pueblos y aldeas del rural provincial ourensano. Alguna de ellas roza ya los 100 años de vida. Es el caso de la tienda fundada por Domingos Silva en 1927 en el pueblo de Bubaces (Lobios) y que actualmente regenta María del Carmen Estévez.
La tienda tomó en esta última etapa el nombre de “Carmiña” -diminutivo cariñoso del nombre de su actual propietaria- y tiene de todo: sombreros, algo de material de ferretería y, por supuesto, ultramarinos; también caramelos, que, según comenta la propietaria de la tienda, vende en importante cantidad a Portugal, como el chocolate. También algo de ropa, como batas, pijamas y bañadores -está cerca el hotel balneario de Riocaldo-. “Es una tienda que cubre las necesidades de la población, no solo del municipio de Lobios, también hay clientes fijos que me vienen de Portugal”, señala Mari Carmen Estévez con cara de satisfacción.
A esta tienda de la Baixa Limia le pudo ocurrir como a muchos negocios del rural, que una vez se jubila su fundador se cierra el establecimiento, pero Estévez Carballo apostó por la continuidad del negocio y acertó, conservando la esencia de lo que ha hecho destacar a este local desde su puesta en marcha hace casi 100 años. “Los fundadores siguen estando presentes en la memoria colectiva del pueblo, porque era un referente en el entorno de la Baixa Limia, en pleno Parque Natural Baixa Limia Serra do Xurés, y yo también quiero ser un referente en este local”, subraya Carmiña.
Cuando abrió era la única tienda de alimentación de la zona, y muchos bares se suministraban en ella. Ahora, con la apertura de supermercados en la capitalidad municipal de Lobios, sigue resistiendo. Los dueños fundadores iban a cerrar. “Yo me enteré que los vecinos decían: ‘No, por favor, qué vamos a hacer’, ‘¡tantos años viniendo aquí!’”, y no duda en afirmar: “A la gente le gusta lo de antes”.
Ultramarinos Carmiña vivió también la pandemia del covid, una experiencia más en su ya larga historia. Muchos de sus clientes son personas mayores y la mayoría no fue a la tienda durante el confinamiento, por lo que Carmiña se ocupó de hacer repartos a domicilio esos meses. “La gente te daba el dinero por debajo de la puerta, no quería tocarlo”, cuenta, rememorando la inquietud de los peores meses. Ahora, recobrada la tranquilidad del día a día, su ultramarinos abre cada día, dispuesto a cumplir esos 100 años que están ya ahí… a la vuelta de la esquina.
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