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Genova 13, una casa de mal fario

Cartas al director

Genova 13, una casa de mal fario

“Lo que nos va a reconectar con nuestra sociedad y nuestro electorado no es pintar el logotipo de otro color, o cambiarnos al edificio de enfrente” (Pablo Casado en 2018).

Más ya de dos años, y la reconexión de su partido con el electorado, visto los fracasos en las llamadas a las urnas habidas, no ha sido posible. Pero, ¿por qué, si tanto empeño ha puesto para regenerar el partido? Tras el batacazo en las recientes elecciones catalanas, Pablo visitó a su chamán. Y éste le advierte que en el edificio de Génova anida mal fario. Si no ha habido reconexión es que tanto cables como enchufes eléctricos provocan la fundición de plomos. La desconexión es automática. Pudiera ser que eso es lo que tiene subcontratar las instalaciones sin garantía de clase alguna, ya que eso requeriría facturar los trabajos soportando un IVA no deseado. No se podían facturar si el pago se hacía con dinero B. Práctica bastante extendida en muchos hogares españoles. ¿Entonces, por qué a su partido le ha tocado la china?

La respuesta es de carácter esotérico. Pululan por el recinto, negras sombras, que asombran, de un pasado fantasmagórico negándose a abandonar la sede. Pasado que forma parte del continente y contenido del inmueble, y que llega a formar parte de una futura masa hereditaria. Pablo en su cuenta de twitter en julio de 2018 sentía orgullo de esa herencia: “Quien aspire a liderar el PP tiene que estar orgulloso del pasado, Fraga, Aznar y Rajoy, de quien he sido portavoz estos años y ha hecho una gestión impecable de la que somos herederos, tanto del gobierno como del partido”. Tanta era su amor al pasado, que obvió la herencia a beneficio de inventario.

Hoy, ese amor al pasado le atormenta. Es un fantasma que no da tregua, voto a voto, juicio a juicio penal. “De todos los fantasmas, los fantasmas de nuestros antiguos amores son los peores” (Sir Arthur Conan Doyle). Intenta, con desesperación, deshacerse del inmueble, con la esperanza de que el fantasma deje de acosar a su partido. Que se queden con él quien quiera adquirir el edificio. Y a otra cosa, mariposa. Buscar otra localización, aunque se tenga que soportar el IVA por arrendamiento, o el impuesto de transmisión en una adquisición. Tocan, pues, tiempos de mudanza. Afortunadamente, ya no habrá tantas cajas conteniendo pluralidad de documentos, gracias al buen rendimiento de la trituradora, que valió su peso en oro, aunque negro, eso sí. Sin menospreciar el trabajo realizado por los martillos, pues, la trituradora no era apta para destruir discos duros, que como los papeles tanto estorbaban.

Recuerde, Pablo, la quinta regla de la primera semana de los “Ejercicios Espirituales” de San Ignacio de Loyola: “En tiempos de desolación nunca hacer mudanzas…” Y no olvide que para la parapsicología los fantasmas son almas errantes. Viajan en el tiempo y en el espacio.