Meirama

Ahora, de repente, en medio de tantas muestras de ecolatría a nivel mundial por eso del cambio climático,  nos ha llegado la fiebre de la salubridad ambiental. Sobre todo a esta sufrida gente de Barcala por el caso de Meirama, que año tras año se ha paseado valle arriba por el corredor que entra por Brión -puente de Ons sobre el Tambre- causando grandes destrozos y perdidas tanto en plantaciones como en los seres vivos. La lluvia ácida, le llaman los entendidos, vulgo peste de los más viejos o de siempre sufridos labradores.

Por un lado nos apuntamos a manifestarnos contra toda clase de humo, ya bien sean estos benéficos (que los hay)  o malsanos (que también abundan, y mucho). Y por otro, nos compadecemos de la pérdida de empleo que ello generará para una comarca que en su día se puso las botas a cuenta de tal industria.

Las comparaciones, que siempre suelen ser odiosas, nos disparan hasta Ence de Pontevedra, empresa modelo en la emisión controlada desde siempre y, no hay que olvidarlo, con índices de emisión muy por debajo de los permitidos por la Ley. Así con mayúsculas, la misma que debe aplicarse, o debía, a Meirama.

Ahora, ya digo -de repente- todo son reclamaciones y quejas que mezcladas con el caldo de cultivo de las elecciones se han disparado.

Yo, pobre de mí, solo pongo por testigo a la Asociación Forestal de Galicia en el examen de mis eucaliptos chamuscados de un día para otro, así como la única pequeña cosecha de patatas de “preguizeiros” que allá por los años ochenta y muchos llegué a plantar y otros más en años sucesivos en mi huerto. Ahí están los propietarios de montes de Ames y Brión, testigos directos también y sufridores de dichas lluvias.

Me dice mi amigo y vecino, el más viejo de la parroquia, que desde siempre no es posible ir en la procesión y tocar la campana al mismo tiempo. O una cosa o la otra. Yo sé muy bien lo que quiero, tanto para mí, como para mis vecinos y nietos. Vds. pueden escoger. Y me parece muy bien. Incluso que se manifiesten públicamente si quieren. Pero conmigo no cuenten.