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De paseos y escondrijos

Cartas al director

De paseos y escondrijos

 El primer día de paseo, ya va para dos semanas, llegué muy cansado después de andar unos escasos cuatro kilómetros, -calculo unos 13 o 15 minutos/km- y el recorrido interurbano de un pequeño pueblo tenía entre muchas de sus baldosas unos principios de malas hierbas que desentonaban totalmente y que daban fe del poco tránsito acumulado.

En una de las principales avenidas presencié cómo dos tres amigos de siempre entraban cada poco -uno detrás de otro- en un garaje particular. Al pasar por delante agucé los oídos e incluso me paré unos instantes al objeto de recomponer mi situación y andadura, pero no atisbé oído alguno sobre conversaciones allí dentro.

Al otro día me enteré de que aquella pandilla de amigos de tazas y vinos diarios hacían acopio de botellas y se reunían clandestinamente para disfrutar de la amistad que ni la peste del covid podría perturbar.

Ayer, abiertas ya alguna que otra terraza, tanta es la afluencia, que hay que dar un paseo de una a otra para encontrar vez, oigo que dice uno, que nunca en su vida, habiendo trabajado tan poco, ha sido capaz de tener tanto dinero y ahorrarlo. Otro dice que haciendo la comida no era la primera vez que se zampaba una botella de vino y otro, más allá, dice que cada dos días tiene que bajar las botellas vacías y que nunca tanto ruido le daban en las bolsas, guardándose de la aviesa mirada de alguna que otra vecina.

Otro más dice que era muy raro ver a fulano hacer la compra en el súper, pero ahora en la bolsa destacaba y sobresalía la botellita, que nunca faltaba.

Contándoselo luego a mi amigo, me dice este que recuerda a una anciana que siempre andaba con un pedazo de pan y ya desde la mañana temprana, después de la copa de caña, dejaba en la cocina un tazón de vino tinto del que se servía un trago de cuando en vez, y que cuando en la casa le decían que se limpiase los labios y dejase de beber, ella decía que luego era lo que ahorraba en la comida, por la falta de ganas de comer. Vamos, que una cosa iba por la otra.

Más claro: a pan duro, diente agudo.