Breve o eterno

Y seguimos obsesionándonos con hacer lo efímero eterno, sin darnos cuenta de que moriremos en el intento. Somos tan prepotentes que creemos jugar con el tiempo cuando es él el que nos controla a nosotros. Vivimos dominados por el miedo al final y nos obcecamos en alargar los momentos hasta el punto de resultarnos insano. Intentamos quedarnos en el recoveco del pasado que nos da seguridad, el único que realmente nos hace estar cómodos, e intentamos quedarnos ahí sin darnos cuenta de que las hojas empiezan a caer y de que poco a poco va llegando el inminente invierno. Y cuando la nieve helada comienza a cuajar en nuestras vidas ya hay poco que podamos hacer. 

Ojalá fuésemos capaces de comprender que cada segundo que pasa es uno menos que nos queda aquí, que si todo tiene un fin es porque el tiempo se lo da, que el reloj tiene una cuenta regresiva que ni tú, ni yo, ni nadie puede parar. Cuanto antes nos demos cuenta, antes seremos capaces de quitarnos el polvo que hemos acumulado mientras esperábamos por algo que nunca iba a llegar, por algo que nosotros mismos teníamos que hacer aparecer; porque déjame decirte que nada bueno es gratis. 

Quizás algún día echemos la vista atrás y nos daremos cuenta de lo mucho que hemos desperdiciado nuestros días. Quizás estemos a tiempo de solucionarlo. Quizás nunca pensemos en esto porque no tendremos oportunidad. Quizás el reloj se rompa y nuestros minutos se consumirán mucho antes de lo esperado, sin haber vivido lo que tanto hubiéramos querido, sin haber hecho todo lo que podríamos haber logrado. Quizás todo esto es más breve de lo que pensamos y quizás el final esté a la vuelta de la esquina.