A reconocimiento

No pocos de los problemas que actualmente tiene el sistema educativo se resolverían quizá si se desarrollan políticas de reconocimiento de los valores científicos y culturales. Comprender el trabajo bien hecho, la autoridad de los mayores, nos ayudaría a evitar la llamada ruptura generacional y avanzar sobre los conocimientos de nuestros mayores.

Hace días, el Concello de Maceda, por unanimidad, acordó dedicar una plaza a la figura del dr. Manuel Pascual Lage, médico que fue de Maceda y alcalde que marcó un punto de despegue del pueblo. Tanto el actual alcalde, Rubén Quintas, como el que fue alcalde y hoy representante del PSOE, Javier Oviedo, resaltaron la personalidad de Lage. A veces somos demasiado generosos con la figura del homenajeado, este no es el caso. No obstante es necesario añadir algunos aspectos.

Quisiera resaltar del figura del dr. Pascual, su humanismo, su cercanía al paciente y al mismo tiempo su planteamiento científico de la enfermedad y del enfermo. No son dos aspectos contradictorios, sino que son informaciones que se complementan.

Galicia sigue siendo una sociedad integralmente rural en un mundo globalizado a todos los efectos, cargada por ello con muchas tradiciones heredadas de los ancestros y que no conviene, ni es necesario, desterrar. El dr. Pascual hizo grandes esfuerzos para llevar a la conciencia del paciente el diagnóstico proveniente del análisis científico del laboratorio y el análisis que da el contacto con la gente. Los dos conocimientos deben complementarse, pero el paciente o el médico no lo ven así y hacen con demasiada frecuencia que uno prevalezca sobre el otro. Nunca valoraremos bastante el trabajo del médico como educador del pueblo. No es esta una faceta que se cuide demasiado ni en la facultades ni en los hospitales. Sin embargo, es necesario que el paciente tenga la certeza de su estado. El conocimiento científico de los laboratorios debe ser complementado por el análisis cultural del paciente. El dr. Pascual se dedicó a esta tarea con gran esfuerzo y constancia, para aunar la cultura popular y la cultura del “laboratorio”.