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La barbarización de la política

Cartas al director

La barbarización de la política

Además de la barbarización lingüística de la política, hay otros modos de comportamiento que la degradan. Se trata del “amiguismo” y del “postureo”, del “populismo”, de la “posverdad”, propios de sociedades neofeudales enfrentadas con el mérito y la libre competencia de las sociedades humanistas.

Europa llegó a ser el continente más rico del mundo, con el monopolio casi exclusivo de la fuerza militar. La clase dirigente y las clases medias saludaron con entusiasmo los avances de la industrialización y de la digitalización de la sociedad. En una sociedad desigual, quienes aterrizan en la cima quieren creer y hacernos creer que su éxito tiene una justificación moral. En una sociedad meritocrática, eso significa que los ganadores saben que se han “ganado” el éxito gracias a su propio talento y esfuerzo. El acceso de nuevas promociones de estudiantes no es la única ocasión propicia para la controversia en torno al mérito. Los debates sobre quiénes se merecen algo y qué se merecen abundan en la política contemporánea.

Los desacuerdos en cuanto a nuestra concepción del “mérito”, no se refieren solamente a la equidad, también concierne a cómo definimos el éxito o el fracaso. El hecho de ganar y perder y las actitudes que los ganadores deberían adoptar hacia aquellos menos afortunados que ellos son cuestiones revestidas de una fuerte carga moral y emocional, y tendemos a evitarlas hasta ser forzados a afrontarlas.

Para hallar el modo de superar la barbarización política de nuestro tiempo, será necesario lidiar con la cuestión de mérito. ¿En qué sentido se ha reformulado el significado del mérito en los últimos tiempos para que ahora contribuya a erosionar la dignidad del trabajo y deje a muchas personas con la sensación de abandonadas por inservibles?

En un momento de crisis pluridimensional, en el que las élites dirigentes han llevado la democracia hasta el borde del abismo y han dado entrada en tropel a populismos mafiosos, la cuestión del mérito debe tratarse con particular urgencia. Es necesario preguntarse si el tratamiento que damos en la actualidad al mérito, al esfuerzo en el trabajo, contribuye al progreso, al bien común o hemos de buscar otras formas de clasificación social superando las necesidades de éxito efímero.