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Carta abierta a covid-19

Cartas al director

Carta abierta a covid-19

Sabemos que has venido de Wuhan (China). También sabemos que llegaste a nuestras vidas para causar enfermedad, dolor y muerte. Hasta hoy, has infectado a más de 40 millones de personas en el mundo, y la cifra de fallecidos supera el millón.

Empezaste siendo una epidemia en el continente asiático, pero pronto te convertiste en pandemia al invadir otros continentes. Eres insaciable, y tu voracidad ha provocado que más de la mitad de la población mundial haya sufrido algún tipo de confinamiento. Se ha tenido que imponer la distancia interpersonal de seguridad y el uso generalizado de la mascarilla de protección. Fue necesario limitar el número de clientes en bares, cafeterías y restaurantes. Las salas de espectáculos y los locales de ocio nocturno tuvieron que cerrar durante un tiempo; y cuando abrieron, se vieron obligados a reducir su aforo. Se han prohibido las reuniones y celebraciones familiares. Los medios de transporte, públicos y privados, también sufrieron la limitación de viajeros. Tu expansión ha empezado a resquebrajar los cimientos de nuestra Sanidad y de la economía global, cuyos efectos ya son más que evidentes. 

Los gobiernos se vieron obligados a decretar el estado de alarma, limitar la movilidad ciudadana o declarar el cierre perimetral de las ciudades. Las normas restrictivas se han ido sucediendo una tras otra, según la evolución de la pandemia, lo que ha obligado a suspender la actividad lectiva en colegios, institutos y universidades… Muchas empresas tuvieron que paralizar su actividad fabril, y los comercios han tenido que cerrar sus puertas para evitar probables contagios.

Finalmente, puñetero coronavirus covid-19, has propiciado que la agresiva confrontación entre la clase política sobre la gestión de la pandemia les impida ver, con claridad meridiana, que tú eres el único enemigo al que hay que aniquilar. Pero confiamos en que, más pronto que tarde, la Ciencia encuentre la vacuna -el “arma”- efectiva que te baje los humos. Mientras tanto, por todo el dolor que has causado y que seguirás causando, yo te maldigo. ¡Cabrón!

De risa

Igual que una chanza grosera, burda y hasta cruel, que incluso, a veces, me hace reír es el comportamiento que aprovecho del desequilibrio…
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