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Se nos ha ido un personaje importante en la historia de nuestro fútbol, en aquellos momentos en que este deporte era una parte importante de nuestra vida ourensana. Cuando C.D. Orense llenaba cada quince días las gradas del Estadio del Couto y cuando los que a diario trabajábamos en la radio y en nuestro diario nos ocupábamos de nuestros modestos protagonistas como auténticas figuras que eran. Tiempos inolvidables para todos nosotros.
Carlos Couceiro Gómez había surgido del ambiente más modesto de nuestra capital. Era el tercero de los siete hermanos de una modestísima familia de la barriada de Covadonga, en Eiroás. Chuchín y él empezaban a destacar en el fútbol y eran figuras de los dos equipos de aquella barriada. Pero desde chavales tenían que compaginar fútbol y trabajo y daba lugar a situaciones complicadas, como aquella en que en la misma tarde que se tenían que enfrentar los dos equipos, el Gaseosas Sergio Troncoso F.C y el de la Pescadería de Morán, tenían que cargar un vagón de ataúdes en la carpintería donde trabajaban.
Era a mediados de los sesenta. La Agrupación Deportiva Couto que competía con C.D. Orense en Tercera División llegó a un acuerdo con Pataco para que jugara con ellos. “Pero yo no sé lo que pasó que desde que me comprometí con ellos y bajé hasta el Couto cambié de opinión y acabé firmando por el Orense”, me explicaba el jugador en una entrevista en la que recogía diferentes aspectos de su vida deportiva: cuando llegaba a los entrenamientos, trataba de ganarse un puesto, y dos años después se convertía en uno de los importantes del cuadro de “los treinta partidos, treinta victorias en aquella delantera de Cortés, Seara, Carballeda, Pataco y Túnez”.
Pataco se convirtió en la gran figura de aquel conjunto que entrenaba Fernando Bouso y presidía Florencio Álvarez González. Llegaron a considerarle “un segundo Amancio”. Y llegaba a ficharle el Atlético de Madrid de Calderón que contaba en sus filas con Luis Aragonés, Rodri, Lopez Ufarte, Calleja, Garate… “Me faltó suerte y decisión” reconocía el muchacho, que no llegaba a tener quizás la personalidad, el consejo, la preparación adecuada para salir adelante en aquella situación tan complicada. Más, cuando entrenando con Marcel Domingo, se lesionó y los médicos Ibáñez y Gardeazabal le diagnosticaron un problema de menisco; fue el momento de incorporarse a “la mili” en Valladolid, donde coincidió en un equipo militar con su compañero Capón. Volvió a Madrid, donde entrar en el equipo no era sencillo, y en aquella campaña 71-72 ganaron Liga y Copa, aunque en la Copa de Europa les eliminó tempranamente el Ajax de Max Merkel. Fue entonces cuando se casó con su novia ourensana. Le cedieron al Sabadell que entrenaba Otto Bumbel.
Vino unos meses al Ourense donde no tuvo suerte con las lesiones, pese al interés que aquí tenían para recuperarlo, siempre bajo la especial protección del presidente Docabo. Estuvo un año sin apenas jugar hasta que volvió con Juan Ribao de presidente y Delfín Alvarez de entrenador.
Carlos Couceiro Gómez, “Pataco”, fue siempre un jugador modelo de corrección, muy disciplinado, modesto, querido y respetado por toda la gente del fútbol.
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