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El homicidio que perpetró Jonatan Rodríguez Padrón (40 años) el 4 de febrero de 2020, cuando degolló con una botella rota al hostelero del bar Novo, Evaristo Morín Machado, le reportará una estancia más larga en prisión de la inicialmente contemplada al inicio de la vista con tribunal popular.
El jurado no tuvo en cuenta la atenuante de confesión tardía (admitió el crimen y colaboró con la Policía Nacional cuando lo detuvo tres meses después). Tampoco la adicción a la cocaína que adujo el inculpado (mató a su camello porque solo le dio dos de los cuatro gramos que le pidió).
Pero Jonatan estará encarcelado un año menos de lo previsto cuando el pasado miércoles conoció el veredicto de culpabilidad. La sentencia dictada por la magistrada que presidió el jurado le impone once años de cárcel y 22.000 euros para cada una de sus dos hijas (pedían 40.000 para cada una). La fiscal y la acusación particular reclamaban doce y la defensa, teniendo en cuenta la decisión de los ciudadanos que vieron el caso, se sumó a esa misma petición.
La defensa, ante esta tesitura, no se plantea recurrir. “La sentencia me parece muy ecuánime, justa, bien motivada y razonada”, asegura Begoña Vázquez. El caballo de batalla, a partir de ahora, “será pelear el tercer grado (semilibertad) cuando sea posible”. Rodríguez Padrón desde que el 17 de mayo de 2020 ingresó como preventivo en la cárcel de Pereiro lo hizo en el módulo 5, o lo que es lo mismo, en la comunidad terapéutica que capitanea Proyecto Hombre para los internos que quieren dejar las drogas aprovechando su estancia en la cárcel. “Jonatan tiene claro que tiene que rehabilitarse para volver a salir al mundo”, asegura su letrada.
El condenado, que vivía en un pueblo de Celanova, en donde regentó una taberna, según declaró en el juicio, hacía años que tonteaba con las drogas, pero en los últimos tiempos, un poco más. Consumía en torno a los cinco gramos diarios, o lo que es lo mismo, gastaba en torno a los 250 euros al día. “Abría el bar todos los días y necesitaba estar despierto”, aseguró.
Mató al hostelero porque este último no le quiso dar los cuatro gramos de cocaína ya que le debía dinero. Discutieron, no quiso abandonar el bar y lo empujó. La víctima cayó al suelo, en donde Jonatan le golpeó la cabeza con una pistola detonadora y le clavó una botella rota en el cuello que le seccionó la yugular.
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