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Alcoholismo: una visión desgarradora y familiar

Manuel Isorna | 06 de noviembre de 2019

Un grupo de jóvenes brinda en un "botellón".
Un grupo de jóvenes brinda en un "botellón".
Las consecuencias psicológicas del alcoholismo son mucho mayores para los familiares del alcohólico, que para el propio enfermo

Son muchos los medios de comunicación que recogen las declaraciones de las hijas de la estrella de Hollywood Demi Moore, quienes ponen al descubierto los desgarradores comportamientos de la actriz en los periodos de su vida en los fue adicta principalmente al alcohol (aunque también consumía otras drogas). Expresiones como "Era como si el sol se ocultara, como si llegara un monstruo”, o "Recuerdo cómo la ansiedad recorría todo mi cuerpo cuando me daba cuenta de que sus ojos estaban un poco más cerrados”, “Era muy extraño, había momentos en los que había mucha irritación”, “Recuerdo estar muy enojada y tratarla como si fuera una niña, hablarle como si fuera una niña. No era la madre con la que habíamos crecido". El problema es que el comportamiento de Demi Moore se repite en casi tres millones de hogares en España. Según recoge la encuesta nacional Edades (2018) el consumo de alcohol en España es muy elevado, con un 36% de historia de abuso de alcohol y dependencia estimando que el 5,8% de los españoles de 15 a 64 años han tenido consumo de riesgo o perjudicial de alcohol y un 1,4% de hombres y 0,3% para mujeres posible dependencia alcohólica.

Dicho consumo está relacionado en nuestro país con una importante morbi-mortalidad y presenta enormes repercusiones sociosanitarias. Como ocurre con otros problemas relacionados con el estilo de vida, las repercusiones van más allá del individuo y terminan afectando a su entorno familiar y a la sociedad en su conjunto. Los efectos de esta sustancia en los enfermos alcohólicos son, con bastante frecuencia cambios en la conducta que se manifiestan en irritabilidad, agresividad, alteraciones del humor, etc. Comportamientos que, por durar largos períodos de tiempo, transforman el clima familiar y originan ansiedad entre los demás miembros de la familia. Esta ansiedad que genera el alcohólico/a, a menudo, no guarda ninguna relación con la cantidad de bebida, incluso cuando el consumo sea una cantidad mínima, ya que la alteración emocional se establece por el solo hecho de beber. Las consecuencias psicológicas del alcoholismo son, con frecuencia, mucho mayores para los familiares del alcohólico, que para el propio enfermo/a. 

Si el alcohol transforma los ambientes en los que está y la ansiedad es el síntoma que con mayor frecuencia presenta una familia con miembros alcohólicos, este hecho tiene mayores consecuencias cuando se trata de los hijos/as, porque los niños/as son más vulnerables a las situaciones ambientales que les rodean ya que presentan mayor receptividad y vulnerabilidad a los problemas del ambiente. 

Cuando un niño/a no recibe el apoyo y la atención que necesita, se eleva el riesgo de surgir trastornos en su personalidad y esta atención inadecuada suele darse con demasiada frecuencia en las familias donde uno de los progenitores (o los dos) presenta problemas con la bebida. Entre las causas más frecuentes de esos problemas aparece la vivencia anómala de relación de pareja de sus progenitores. Es frecuente encontrar entre los hijos/as de alcohólicos exposiciones de riesgo negativas relacionados con la convivencia en un ambiente familiar disfuncional, en el que abundan los conflictos, las desavenencias en la relación de pareja, las separaciones, las enfermedades, accidentes de tráfico y laborales, las hospitalizaciones e incluso la muerte de los padres, los malos tratos físicos y psíquicos, los abusos sexuales, la interrupción de las costumbres familiares y las dificultades económicas, entre otros factores ambientales pero también sufren una exposición continua a la violencia intrafamiliar, los conflictos con la familia extensa (principalmente abuelos), la insuficiente disponibilidad de los padres/madres enfermos alcohólicos para atender sus demandas afectivas, los problemas laborales incluyendo el desempleo, la menor presencia física en el hogar, etc.  

Además, los hijos/as de alcohólicos presentan una mayor predisposición para el alcoholismo que puede llegar a ser entre tres y cinco veces más frecuente que en las personas sin antecedentes familiares con este trastorno, así como mayor probabilidad de sufrir retraso en el desarrollo físico o cognitivo, trastornos neurológicos, malformaciones congénitas, trastornos afectivos y de conducta y disminución del rendimiento cognitivo y escolar. Sintomatología que se ve aumentada en aquellos relacionados con los efectos directos del alcohol sobre el feto.

Lo que está claro es que el consumo de alcohol no debe tomarse tan a la ligera como viene siendo costumbre y que necesitamos desnormativizar su consumo en la población española y sobre todo prevenir esta epidemia de consumo de riesgo de alcohol entre la población adulta ya que las víctimas colaterales siempre son los hijos e hijas.

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