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Asalto al cuarto poder

Manuel Orío |

Manuel Orío | 17 de octubre de 2020

Con el telón de fondo de la pandemia, todo transmite más intensidad y dramatismo de lo que probablemente tendrían en situaciones de normalidad, por eso este asalto perpetrado por el Gobierno al Poder Judicial para modificar su composición saltándose el mandato constitucional y todas las reglas establecidas para salvaguardar en la medida de lo posible su independencia, me parece a mí peligro inminente aunque, ya digo, el covid-19 tiene la virtud de amplificar el drama y otorgarle a las cosas aspectos más oscuros. Estamos extraordinariamente sensibles y llevamos el miedo en el cuerpo, por eso no es extraño que todo lo veamos más inquietante y peligroso de lo que es realmente. Digo yo…

A mí lo que de verdad me tranquiliza es escuchar que un veterano socialista curtido en la guerra del Norte que ha perdido piernas en un atentado terrorista como es Eduardo Madina, piensa lo mismo que yo al respecto, y sospecha como yo también sospecho que un ataque tan desaforado a la única institución que echaba el freno a determinados afanes controladores, ha sucumbido al deseo insaciable de hacerse con toda la tienda. 

Para colmo de aristas en el debate suscitado por este pintoresco modo de eliminar obstáculos y adecuar las leyes a los intereses partidistas, ha terciado Polonia que acaba de tomar parte en la pugna al estilo que se dice en una de mis obras de cabecera, la comedia teatral “La venganza de don Mendo” de Muñoz Seca cuya lectura recomiendo vivamente y más en estos momentos en los que hace falta mucha risa para lidiar con lo que se viene de confinamiento. Teodulfo el carcelero, narra al pobre don Mendo la suerte que le espera preso en el torreón y le cuenta que el conde Nuño, atendiendo a su prosapia, pensó que lo mejor era sacarle los ojos y otorgarle luego la libertad. Pero terció Magdalena, lo que alegra el cautivo pues confía que el blando pecho de su amada le ampare. “Terció –le corrige Teudulfo- y os hizo mal tercio, porque pidió que la lengua os arrancasen primero y que os cortasen las manos. Y que mudo, manco y ciego, en esta torre quedaseis para siempre prisionero”. Polonia es Magdalena, y quiere que la UE aplique a España el mismo trato que les dio a ellos por hacer lo que han hecho Sánchez e Iglesias. Y llevan razón. Este salto al vacío es igual de dañino en Polonia que en España. Dos estados que tanto se parecen y tanto se tocan por los extremos.

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