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Kiev y Tatty Bogle

James Skinner |

James Skinner | 19 de octubre de 2020

El equipo de fútbol, la "Roja" acaba de sufrir su primera derrota en el partido del Campeonato de la UE FA contra el equipo de Ucrania. Aunque jugaron muy bien, un desafortunado despiste con el único tanto de los ucranianos causó la desgracia. No sé cuántos televidentes del partido se dieron cuenta de la composición de los jugadores de Kiev, pero eran todos blancos, sin tatuajes y con el pelo cortado a la antigua. O sea, caucasianos, ningún melenudo ni con un cuerpo de piel de lagarto. Para entenderlo hay que recordar que al desmantelarse la antigua USSR, Ucrania se independizó en julio de 1990 y llegó a formar parte de la nueva democracia europea. 

Fue precisamente unos meses después de esta fecha histórica que el Instituto Adam Smith del Reino Unido me invitó a dar una conferencia en Kiev sobre la nueva era de privatizaciones en el mundo al haber vivido la época del desmantelamiento de las empresas estatales de telecomunicaciones en los años 80 del siglo pasado. Adam Smith, por cierto, fue un economista de siglo XXVIII que advocó por la libertad del mercado, basado en el capitalismo, lo opuesto a John Maynard Keynes, otro economista más moderno que introdujo las teorías keynesianas basado en intervención pública del gobierno en la economía de un país. 

Fueron tres días inolvidables en un país recién desprendido del comunismo ruso pero que aún conservaba todo el sistema dictatorial desde la presentación de documentos para entrar al país y… que le cuento… el resto. La única otra experiencia que había tenido con los rusos fue en Irán cuando hicimos un estudio de la zona del Caspio para las futuras centrales telefónicas. Al acercarnos a la frontera con Rusia los controles militares eran continuos. Bueno, a lo que vamos. Tenía mi pasaporte británico en orden con el visado, pero en un momento al entregarlo para ser revisado por algún capo en su oficina se me acerca un guardia en la sala de espera. "¡Documentación!" La única palabra en inglés que sabía el cabrón. Lo único que tenía en ese momento era un carné de socio con foto de un club nocturno, medio clandestino en Londres llamado "Tatty Bogle". Era un sitio privilegiado para beber cerveza y jugar al billar o los dardos. Machista y nada de putas. Se lo tragó. Una vez fuera del aeropuerto se me acerca un tipo que hacía años que no se lavaba con mi nombre y me lleva al hotel. En la recepción, bastante normal excepto que no me dan la llave. Subo. ¡Jolín! Otra recepción, presentación de documentos y por fin me la entregan y me dan un sobre. Contiene una nota de otro conferenciante de Letonia que me da la bienvenida y me invita a cenar en un restaurante cercano. Aparte de un plato de gulasch, para beber había vodka o cerveza. 

Pero, un botellín de cerveza era mas caro que uno de vodka. Vino, cero patatero. Le conté lo del hotel y me contó que todo el mundo tenía un empleo. Al día siguiente era la conferencia. El salón era del tamaño del García Barbón y estaba bastante lleno. Mi presentación estaba en inglés. Todo muy bien, luego, mi amistad de Riga y yo nos dimos una vuelta por la ciudad. ¡Impresionante! Anchas avenidas, palacios enormes y majestuosos. Enormes arboladas centenarias. Cidade fermosa y frondosa. Luego una visita a un rastro. Entre otras "trapalladas" estaba a la venta todo tipo de souvenirs del ejército ruso. Otra cena con vodka, regreso al hotel y vuelo a Vigo al día siguiente vía Londres y Santiago de Compostela.

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