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La inmediatez de lo lejano

La Región | 09 de diciembre de 2019

Aficionados celebran en el estadio El Monumental de Buenos Aires. (Foto: EFE)
Aficionados celebran en el estadio El Monumental de Buenos Aires. (Foto: EFE)
Las nuevas tecnologías le permiten ver (casi) todo lo que pasa en el deporte mundial, pagando, claro está

Todo está disponible. O casi todo. Es cierto que en muchas ocasiones previo pago, claro, alguien tiene que mantener el chiringuito. Pero no hay evento deportivo de cierta importancia que no esté al alcance del espectador. Incluso se solapan en fecha y horario. El único requisito es tener tiempo, saber en qué plataforma lo televisan y pagar, que no es poco. A partir de ahí poco importa donde se celebre el partido, torneo o combate. Eres testigo de excepción, con un sinfín de cámaras, planos y expertos comentaristas (nicho, por cierto, colapsado por exdeportistas con más o menos gracia a la hora de expresarse).

Es la época visual. Los derechos de emisión van y vienen entre compañías, generalmente de pago. El deporte en abierto es una aguja en un pajar y queda reducido a deportes más minoritarios o categorías más modestas.

Queda lejos aquel romanticismo que hacía que ver un partido de la NBA (en diferido) fuese una experiencia religiosa, que diría Enrique Iglesias. O conocer a alguien que supiera algo de NFL un milagro, por seguir el símil. Hoy vemos el mate de Doncic justo cuando se produce. Por televisión o redes sociales. De los partidos de fútbol, perdemos la cuenta de cuantos se televisan a la semana. Mejor así, ¿no?

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