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La noche mágica

Manuel Orío |

Manuel Orío | 26 de noviembre de 2019

La jornada final de Copa Davis y el extraordinario comportamiento del equipo español con Rafa Nadal a la cabeza, ha sido uno de los momentos más gratificantes de este año singular plagado de situaciones traumáticas. El nuevo formato del torneo defendido por Gerard Piqué, necesita con toda seguridad de varios ajustes que irán depurando la fórmula de edición en edición, pero al margen de estas equivocaciones –hubo problemas de ubicación y de horarios, con partidos de dobles que acabaron más allá de las cuatro de la madrugada y al día siguiente muchos de aquellos jugadores estaban convocados para enfrentarse a una nueva eliminatoria- el sistema ha funcionado porque es mucho más ágil, emocionante, dinámico y efectivo que el hasta ayer vigente. Piqué –al que a día de hoy ya hay al menos siete u ocho cosas en su vida que le importan mucho más que el Barça- ha sido feliz en la Caja Mágica, aplaudido y vitoreado por un público entusiasmado y vibrante al que no le ha importado nada en absoluto su pedigrí, y se ha volcado con un equipo tan mágico como el recinto en el que todos han brillado incluso los que no han brillado.

Desde su capitán, Sergi Bruguera, hasta el último encordador, han sido una piña fantástica con un ciudadano portentoso a los mandos que se llama Rafael Nadal y que es el más grande, también como tenista. Un equipo casi familiar, unido y comprometido en el que han estado en primera línea y peleando como campeones muchos catalanes  de esos que te devuelven el orgullo y el cariño por un país como el nuestro que, a mi juicio, no se puede comparar con ningún otro, bendito sea. Por encima de prejuicios, de puerilidades, de orgullos mal alimentados, sin patrioterismos, ni discursos extremos, sin algaradas, argumentos cerriles, ni salidas de madre, tenemos un país viejo y sabio, libre y amable, lleno de buenas gentes, con honra y sentido del humor, que se manifiesta espontaneo en noches como la del domingo en las que se demuestra que unidos somos estupendos y fragmentados somos un desastre.

Por eso, y por lo visto y escuchado en la Caja Mágica, por la lección de honestidad y cariño que nos han dado cinco tenistas, su capitán y un cuerpo técnico ejemplar, los nacionalismos en los que estamos metidos ahora y sus practicantes me parece un completo delirio obra de unos locos de atar. Algún día lo pagaremos. Mejor dicho, ya lo estamos pagando.

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