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A Lanzada, el yacimiento que cambió la forma de entender el mundo galaico

Rosé Carrera | 05 de febrero de 2017

Un gráfico de las excavaciones en A Lanzada.
Un gráfico de las excavaciones en A Lanzada.

Las excavaciones promovidas por la Diputación de Pontevedra revelan que fue un gran centro comercial de la Edad de Hierro con intercambios con el Mediterráneo y una misteriosa necrópolis de los primeros cristianos

A Lanzada, en la parroquia de Noalla (Sanxenxo), es una de las playas más hermosas y visitadas de Galicia; un largo arenal batido por el mar lleno de leyendas de origen pagano e historias de invasiones vikingas, en cuyo extremo se encuentra una ermita y restos de una fortaleza medieval. Este mágico enclave está deparando enormes sorpresas a los investigadores que están revolucionando la forma de entender antiguo mundo galaico y reinterpretando el paso de la Protohistoria a la romanización y la llegada del cristianismo.

Buscando el Monasterio de Santa María de Lanceata del que hablan las fuentes medievales, los arqueólogos se han encontrado con gratos descubrimientos. Este istmo arenoso, que une Sansenxo con O Grove, se está revelando como uno de los yacimientos más importantes del Noroeste peninsular, gracias a las excavaciones emprendidas el pasado año por la Diputación de Pontevedra y que concluían el pasado martes.

La existencia del yacimiento ya era conocido en el siglo XVIII y el campo fue excavado en los años 50, 70 y 80 del pasado siglo, pero no sería hasta el pasado año —tras una intervención anterior en 2010— cuando los expertos diesen cuenta de toda su dimensión.

Los trabajos, dirigidos por el arqueólogo de la Diputación Rafael Rodríguez, han dejado al descubierto restos que hablan de una ocupación que va desde el siglo VIII antes de Cristo —correspondiente al Bronce final—, pasando por la Edad de Hierro y siguiendo con la romanización —a partir del siglo I d.C.—, hasta llegar al siglo V, en plena caída del Imperio Romano, cuando la Gallaecia se convierte en Reino Suevo.

los hallazgos

Lo más destacado de esta última campaña arqueológica, que se iniciaba el pasado mes de julio, es el hallazgo de un misteriosa necrópolis infantil. Si bien ya se conocía la existencia de enterramientos en la zona, lo singular de este depósito es la aparición de los cuerpos de trece niños y niñas, datados entre los siglos I y II d.C, todos ellos con una edad inferior a un año. Próxima a ella se estudió otra área de enterramientos donde aparecieron tres cuerpos, esta vez de personas adultas, entre ellos el de una mujer que vivió en el siglo V y que ha sido bautizada por los arqueólogos con el nombre de Cornelia.

Mientras que los enterramientos de los pequeños es un auténtico misterio —a la espera de análisis posteriores de los restos que revelen las causas de sus muertes—, de los adultos se sospecha, por la posición y orientación en la que fueron encontrados, que serían miembros de una primitiva iglesia cristiana. Es decir; que nos encontraríamos ante un grupo de primeros gallegos que practicaron la nueva religión del Cristianismo.

Al margen de estos descubrimientos, las excavaciones han sacado a la luz más de 15.000 piezas arqueológicas, sobre todo cerámica de 'terra sigillata' —la cerámica 'de lujo' que se consumía en la Antigüedad— correspondiente al II a.C. y que ha sorprendido a los especialistas por su gran número. Estos restos, encontrados en un 'concheiro' (el basurero de la época) evidenciarían la importancia comercial de la zona ya antes de la llegada de los romanos, con intercambios con toda el área mediterránea.

Próxima a la necrópolis, y anterior a ésta, se sitúan las estructuras de una factoría de salazón o de salsas, objeto de estudio también en esta campaña. Se trataría de una fábrica de origen prerromano, lo que demostraría que nuestros antepasados los galaicos ya degustaban alimentos manipulados por distintas técnicas para su conservación mucho antes de que los romanos trajesen sus salazones y su famoso 'garum' (salsa de vísceras de pescado fermentadas que causaba furor en el Imperio).

Por cierto, del monasterio de Lanceata no se ha encontrado ningún vestigio y su nombre sigue envuelto en el misterio. 

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