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Las llaves y la libertad

Víctor González |

Víctor González | 25 de mayo de 2018

 

Si se han tomado ustedes el trabajo de estudiar detenidamente la nueva casa de Pablo Iglesias e Irene Montero, esa de casi 700.000 euros, y me refiero a ver las fotos que hay en internet tanto del interior como del exterior, quizá hayan reparado en un detalle. Adelanto que no me impulsa con esto ninguna animadversión hacia los líderes de Podemos, al contrario, tienen todo el derecho del mundo a comprarse la casa que quieran y puedan pagarse. La cosa no va por ahí. Tampoco es este un asunto frívolo como lo sería el estudiar la casa de alguien que sale en el ¡Hola!, algo que yo hago todas las semanas desde hace años para seguir descubriendo que en esas casas majestuosas llenas de cojines, lámparas de lujo, alfombras persas, sofás en los que se pueden sentar cuarenta personas y estupendas vistas al mar nunca hay un maldito libro. Nunca. Seguro que en la de Irene y Pablo sí los habrá. 

El detalle al que me refería al principio es que en realidad eso no es una casa, sino una cárcel. ¿No se han fijado?, ¡tiene barrotes en las ventanas! Un gran jefe que tuve hace años, Luis Carballo, me dijo un día en que por casualidad me vio las llaves que tenía yo entonces a mis veintitantos esto: "El número de llaves que tienes está en relación inversamente proporcional a tu libertad." Por si quedaba alguna duda acerca del significado del comentario sacó las suyas y las puso sobre mi mesa. Yo tenía unas diez llaves, pero él unas cincuenta repartidas en varios llaveros. Después añadió: "De niño no tenías ninguna, de adolescente una, y ahora diez. Piensa."

Nunca he podido olvidar aquella frase y ahora que no tengo coche, ni oficina, ni casa en el pueblo, ni otras cosas, he podido librarme de bastantes llaves incluyendo ya digo las del coche, garage, ascensor, puertas automáticas, otras propiedades, etc., y así he vuelto a la adolescencia. Desde hace diez años solo llevo en el bolsillo tres llaves en un anillito sin llavero, la del portal, la del buzón y la de la puerta de casa. Por supuesto tengo más pero están en un cajón y solo las cojo cuando las necesito e inmediatamente, una vez que las he usado vuelven al cajón.

Lo terrible de esa casa de Pablo e Irene, no entro en otras polémicas relacionadas con dicho asunto que se han suscitado en los medios, polémicas que no me interesan, es que no es una casa sino una prisión. De su piso de sesenta metros en Vallecas del que supongo tendrían como yo tres llaves, portal, casa y buzón, Pablo e Irene van a pasar a tener una tonelada de llaves en el bolsillo. Y las llaves en realidad son cadenas que arrastramos trabajosamente como bien me dijo aquel jefe mío hace tantos años. Pero en fin... que disfruten de la casa. Por cierto: si me invitan voy.

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