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Matuzalen Gran Reserva

Javier Rey |

Javier Rey | 01 de noviembre de 2014

Como recuerdo de su viaje a Cuba, los padres de mi novia nos trajeron un Matusalem Gran Reserva. Al primer sorbo, tras el choque contra mi paladar, pude descubrir, a modo casi de epifanía, un poso, una tranquilidad, que sirvió para voltear alguna de las exigencias que solía buscar en las copas de los sábados por la noche de una juventud que mantengo, a salvo, encarnada en los vigorizantes chupitos de Jäger.

Esta dicotomía entre Matusalem y Jäger, entre el reposo y la aceleración, la personifican en el COB Rejón/Rivero y Suka-Umu. La sabiduría y el talento de la pareja frente a la vitalidad del alero madrileño como soporte para los mejores minutos de un equipo que exhibe entonces intensidad y juego coral.

El problema es que la fórmula se está mostrando inestable. Pasó ante el Palencia, ante el Lleida y ayer. Las luces se apagan, la fluidez se acaba y solo ramalazos de orgullo permiten al equipo seguir en los partidos. Afortunadamente, todavía hay tiempo y espacio para hallar el punto de encuentro, y que la cara positiva, la del Jäger y el Matusalem, acabe reinando. Lo agradeceremos.

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