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¡Ojo! Entrenador personal y no timador profesional

La Región | 12 de abril de 2019

Lo peor no es que le timen. Créame, lo peor es que le lesionen. Infórmese e invierta en calidad

La Policía Nacional detuvo la semana pasada a un supuesto Entrenador Personal por un centenar de estafas en diversos centros de Madrid, Cantabria, Asturias, Alicante y Pontevedra. El elemento trabajaba como autónomo y ofrecía a los usuarios un bono de 500€, que incluía 10 sesiones de entrenamiento y asesoramiento nutricional personalizado.

Según sus víctimas, el individuo tenía “un pico de oro” y una presencia física “tremenda”. Sus tarifas eran “más baratas de lo habitual” y “mostraba fotos de contactos de supuestos clientes que habían logrado transformar su cuerpo en pocos meses”.

Una vez cobrado el servicio por adelantado, sin factura o recibo, el pájaro se esfumaba, dejando el marrón al gimnasio, desconocedor de sus prácticas.


Muy sospechoso


Repasemos las claves del engaño: Fachada impecable, palabras hipnotizadoras, promesa de cuerpo perfecto en poco tiempo, precio barato -en el mercado madrileño- y sin responsabilidad fiscal.

En los últimos años, la figura del Entrenador Personal experimentó un enorme crecimiento, debido a sus múltiples posibilidades y beneficios. Por desgracia, la enorme demanda abrió la mano a mucho listillo y vendedor de humo. Sin formación, sin titulación, sin sentido común y, encima, sin humildad ni vergüenza. Porque este delincuente no sólo estafaba a clientes, también aprovechaba la coyuntura para vaciar la caja del centro deportivo antes de escapar.


Elija calidad y seguridad


En todas las profesiones existen excelentes y detestables personas. A los gimnasios nos compete contrastar la valía de los técnicos y supervisar su trabajo. No sirve cualquier ganadero para vigilar el pasto, porque la clientela no es ganado. Son personas. 

El cliente, por su parte, debería desconfiar de las palabras bonitas y confiar en las sensatas. Debería sospechar si no encuentra titulaciones, seguros y una responsabilidad fiscal en su centro deportivo. Tampoco invita a la seriedad si los “contratos” se acuerdan en el vestuario, en un bar de copas o sin presencia de ningún responsable de la empresa. 

Lo peor no es que le timen. Créame, lo peor es que le lesionen. Infórmese e invierta en calidad. 

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