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Va de playas a sierras

La Región | 10 de julio de 2020

El formidable empedrado de estos caminos aun muestran las huellas del paso de carros como el de Barjacoba-Pías.
El formidable empedrado de estos caminos aun muestran las huellas del paso de carros como el de Barjacoba-Pías.

Si antes iba de mar, ahora de montaña. Esa trashumancia de una a otra es un contraste que se agradece. Es como pasar de la mar Atlántica a las cumbres de nuestras montañas. Íbamos a trotar por entre fronteras pero el rigor canicular no aconsejaba tal tránsito, así que me conjuré con un par de amigos y trocaríamos los 36 grados dominicales por los 22 de la planicie montañosa de los 1.800 metros de altitud. Un acierto que tanto nos animó que puestos en camino no repararíamos en la distancia a recorrer que para ser de montaña por casi nueve horas nos tuvo caminando monte a traviesa, por pistas, senderos y vuelta por la fragosidad con la que la naturaleza dota a nuestros montes.

Una mañana de no mucho madrugue recalaríamos en Vilavella que ya viene siendo un clásico, sobre todo cuando tenemos como objetivo las montañas que conforman Trevinca.  Allí, en el Hotel Spa, servidos a cafés y bicas donde bien tratados nos vemos porque a la vuelta en lugar de cafés, a cervezas y gaseosa para calmar la sed. Compra de pan  que, aunque en domingo por el medio rural no suele cocerse, si fresco aquí. Antes del alto de A Canda, por una local via nos vamos a Pias a la que accedemos entre el robledal que cubre la carretera, y de aquí a Barjacoba, ambos lugares gallego hablantes. Barjacoba podría ser Barxacova con aun 20 vecinos cobrando pensión la mayoría y los que no dedicados a la ganadería que no podría decirse extensiva pero que dará para ir tirando, que se dice. Esta aldea zamorana antes de la carretera se comunicaba con sus vecinas de Pías y Porto con unos caminos empedrados de excelente factura que aun hoy intransitados y menos conservados mantienen su pavimento, Un prodigio de colocación de losas donde aun se ven las roderas testigo de tanto tránsito  y hoy solo de vacas y de algunos montañeros que apenas o nunca me topo cuando por allí transito. Y en tránsito me hallaba con dos que pudo ser media docena si las playas no tiraran tanto.

Una via Apia podría ser esa que partiendo de la aldea sube imperceptiblemente en dirección Pías entre avellanos que umbría prestan por más de un kilómetro cuando abedules y carballos los van reemplazando. Nos hallamos de abandono de esta vía para tomar hacia arriba monte a traviesa por ningún sendero visible de tanto que la rala vegetación los va tapando. Entre retamas, hierbas de gran tamaño casi agostadas, carpazos, carqueixos, pocos brezos, un testimonial zarzal, vamos trepando a la cima con la frente hacia un alineamiento de aerogeneradores. Una cabaña de pastor, una trepada hacia el serrano crestón de esta sierra Segundera, que por acá arranca para formar el nudo de las Trevincas. Fue como pasear plácidamente cuando momentos antes 2, 3 y hasta 8 buitres leonados nos sobrevolaron con esa majestuosidad de estas rapaces que apenas emplean las alas si no para planear, remontar en las corrientes térmicas y estar oteando desde las alturas a sus presas, cadáveres de animales o placentas de esas vacas de carne que a monte pastan durante todo el verano y paren de continuo por lo que tendrán como alimento también a los ternerillos que no han superado apenas el nacimiento. Si no cómo se explica tal cantidad de vultúridos. Íbamos en estas meditaciones, nos asentamos en herbazal mullido con pocas moscas en el entorno, cosa rara porque en cuanto te paras, cien de ellas te asaltarán y si alguna herida en piernas causada por carqueixos, carpazos o retamas a ella acudirán. Por entre carpaceiras, carqueixaless y brezos de poco porte transitamos traspasando unas cuantas turberas, contemplamos el hermoso Valdesirgas, y más adelante los lagunallos de Canceiros y otra más de docena que solo el vacío lecho mostraban en una sequía como no se recuerda en estas altitudes de tanto depósito periglaciar.

Por el camino

Descendiendo por el camino, a veces sendero, las más, ni eso, que intuido debería ser cuando en tiempos importante calzada de comunicación Barjacoba con la capital municipal de Porto. Instaba la sed y de las innúmeras fuentes de antaño solo un hilillo que nos demoró por unos minutos para el llenado de cantimploras y abluciones más abajo en la conjunción del camino con el rio Barjacoba que si no bramía si mantenía su caudal, aunque abajo se quejasen algunos vecinos de que casi todas las fuentes secas, y dos de reposo en la umbría de las casas, que más corredores de montaña parecieren, se pasmaban un tanto de nuestro periplo que casi llegaba a la treintena, eso si morigerada por la belleza de un paisaje que nos provocó unas cuantas paradas en esta sierra de Barjacoba, dentro de la Segundera.

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