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El islandés Baltasar Kormákur prueba suerte por segunda vez en Hollywood tras la casi inédita Inhale, protagonizada por Diane Kruger, Rosanna Arquette, Sam Shepard y Jordi Mollà, reversioniando a su compatriota Óskar Jónasson. Y es queContrabad es el remake de Reykjavík-Rotterdam, aclamada cinta del año 2008 sobre un ex contrabandista que abandona su vida honrada para regresar a sus viejos negocios. Una película de la que, curiosamente, Kormákur fue el protagonista y productor.
En este caso el delincuente reconvertido en ejemplar padre de familia es Chris Farraday (Wahlberg), un extraficante que se gana la vida con una empresa de alarmas y que verá como el cafre de su cuñado, un niñato aspirante a capo al que da vida Caleb Landry Jones, le obliga a volver a las andadas.
Como antaño, Chris se embarca rumbo a Panamá para traer millones de dólares en billetes falsos y evitar así que su querida esposa Kate (Beckinsale, esta vez de rubia y sin licántropos que cazar) y sus dos hijos, paguen los platos que rompió el hermano de ésta.
A partir de ahí... peleas, atracos, tiroteos, persecuciones por tierra, mar y aire, explosiones y mucho, mucho caos en una cascada de acción que busca secuencia a secuencia el más difícil todavía.
Kormákur rueda con solvencia y sin riesgos una carrera Nueva Orleans-Panamá ida y vuelta para alumbrar un producto de género puro y duro. Una cinta tan entretenida como olvidable que sacrifica la coherencia narrativa y los matices de la trama y los personajes en favor de una sucesión de climax visuales y subidones de testosterona y que en ocasiones se torna excesivamente aturullada.
Y en este rosario de clichés, el hecho de que el director haya nacido en Reikiavik y no en Los Angeles no se nota en exceso. Ni para bien ni para mal. Contraband es lo que es y Kormákur se limita a gestionar la historia y el material humano -donde destaca el trabajo de dos secundarios: Giovanni Ribisi y Diego Luna- con pulcra eficacia.
Nada nuevo bajo el sol, por tanto, en Contraband. Aunque tampoco está de más sentarnos un par de horitas a broncearnos sin más pretensiones que pasar el rato con estos fuegos de artificio.
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