Opinión

Decostruyendo a Lalo Pavón

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Decostruyendo a Lalo Pavón

Dora Vázquez, hermana de la exquisita poeta Pura Vázquez, abrió la serie de homenajes que el Concello de Parada de Sil viene celebrando en los últimos ocho años. Dora ejerció como maestra de enseñanza primaria durante varias décadas en Teimende. De la misma aldea Emilio Graña, fue también homenajeado hace un par de años. De Teimende es Rosa, la mujer del homenajeado. Procede de una familia emprendedora en la elaboración del chocolate. Y Lalo se mueve desde su Xeixalvo natal, entre Teimende y Os Fios, entretenido colmenero y ávido vigilante y promotor de las rutas de nuestra Ribeira Sacra. Con Lalo, Teimende ya cuenta con tres homenajeados justamente reconocidos. 

Lalo es un nombre mágico, sonoro, potente. Pavón es explosivo, rotundo. Dos vocales fuertes que se doblan (los cultos le llaman aliteración), y dos consonantes velares entre cuatro vocales. Una sílaba final aguda (oxítona) cierra el apellido. Su morfología, Lalo Pavón, es nemotécnica, fácil de recordar. Y si bien de pequeño Lalo difícilmente pronunciaba su nombre completo (Gerardo como su padre), lo sintetizó en una creación original: Lalo, las dos vocales que los niños empiezan a  balbucear, 

Persona muy querida y popular en su Xeixalvo natal. A su lado caminé sus calles una tarde soleada, entre saludos y manos tendidas. Profundamente familiar, forma una gran piña con la familia de su mujer, con sus tres hermanas y su único hijo, un modelo ejemplar de inquietud profesional. En sus pasatiempos, y a modo de hobby, apicultor en el cercano Os Fios, vigilando el bienestar de sus colmenas. En la antigua Grecia las abejas estaban asociadas con la elocuencia y el canto. Se las llamaba "pájaros de las Musas". Y uno de los símbolos de Afrodita, la diosa del amor y de la belleza, era un panal de miel. 

No fue fácil llegar a llamarse Lalo Pavón. Parafraseando un poema del poeta asturiano Ángel González, "Para que yo me llame Ángel González", el nuevo título sería "Para que yo me llame Lalo Pavón".  

Para que yo me llame Lalo Pavón / para que mi ser pese sobre el suelo, / fue necesario un ancho espacio / y un largo tiempo: / hombres de todo mar y toda tierra, / fértiles vientres de mujer, y cuerpos / y más cuerpos, fundiéndose incesantes / en otro cuerpo nuevo.

Es decir, para que alguien se llame Lalo Pavón, para que el nombre pese sobre el suelo, para que fuese reconocido como capital cultural y periodístico fue necesario un "ancho espacio": nacer en Xeixalbo, al lado de ese gran espacio cultural que es Auria, estar imbuido de galleguidade, viajar a menudo del Miño al Sil y siempre de camino a la casa paterna. Argentina fue un espacio nunca vivido pero fue parte de la memoria familiar. Amor, coraje, valentía e ilusión movía a los que años ha llegaban, como desorientados, al Rio de la Plata. Quijotes en ese caminar por nuevas tierras para realizar un sueño. Tal el padre taxista que ya de vuelta nunca dejó de caminar para crear sueños de feliz convivencia con su esposa, sus tres hijas y el más pequeño: Lalo. El espacio del padre, ya ido de memoria, aun mira devotamente al hijo que lo afeita. En ese mirarse se refleja la llama de una venerada devoción filial. 

Persona muy querida en su seixalbo natal. A su lado caminé sus calles una tarde soleada, entre saludos y manos tendidas. Profundamente familiar, forma una gran piña con la familia de su mujer

Y fue necesario para llamarse Lalo Pavón un espacio aún convivido, profundamente familiar: el nieto preferido y mimado por la abuela, el niño inquieto que deshacía sus juguetes indagando sobre la maquinaria que los mueve en su interior. Que no sabía pronunciar su nombre completo, Gerardo, y que lo redujo, eliminando las dos erres y balbudeando Lalo. Nombre afectivo, sonoro y expresivo. Imagen, que también es metáfora del otro nombre que redujo en fácil síncopa, melódica y rítmica. Un nombre que es otro nombre: el de Gerardo. Y es el niño asombrado ante quien hábilmente manejaba el teclado de una máquina de escribir. Y ante el ágil golpear de una tecla tras otra, sobre el papel blanco, desdibujando las grávidas palabras, formando sentencias que decían algo. 

En ciernes, el hombre dedicado a las letras, y la genialidad del autodidacta que, con tiempo, se hizo a sí mismo. Los casos son numerosos en la cultura de Occidente. Uno de ellos, el argentino Jorge Luis Borges; también José Saramago, el premio Nobel de la literatura portuguesa, hijo de campesinos, sin recursos. Una escuela de Arte y Oficios fue su aprendizaje. En las letras españolas más recientes Félix Grande, pastor de ovejas y bodeguero en Tomelloso (Ciudad Real) donde pasó parte de su infancia y juventud. Destacado ensayista, y uno de los grandes poetas de la década de los años 60 y 70, director durante una larga década de Cuadernos Hispaoamericanos. Se valió de la poesía para defender el valor de la libertad. Lo hizo con palabras y con hechos. Y Miguel Hernández, natural de Elche apacentó en su juventud un gran rebaño de cabras de su padre. Murió en la cárcel de tuberculosis a los pocos años de terminar la Guerra Civil. Su figura la avala una universidad que lleva su nombre: "Yo lo conocí cuando llegaba de alpargatas y pantalones campesinos de pana desde sus tierras de Orihuela, en donde había sido pastor de cabras", escribió el gran Pablo Neruda en sus memorias.

Decostruyendo a Lalo Pavón también se logra a través de los numerosos artículos que escribe en La Región, entre 2008 y 2014.  Revisé un total de 570. Es imposible un examen en detalle. Me fijé tan solo, por significativos, en algunos de los títulos, verdaderas creaciones del habla. El título y el principio de un artículo es como la nota de una canción que sigue persistente hasta el final. Establece un pacto con el lector. La primera línea es crucial.  Lo es también el final. Es un acierto el título "Es disfrute de los vándalos", asociando el acto de destrucción de mobiliario urbano con el placer asociado con tal acción. Y lo es "El mundo al revés", tópico que recorre las letras de la vieja Europa, aludiendo a la mala gestión de la universidad en la creación de una Facultad de Física (Campus de Ourense). Y sorprende al lector el título de "El rey de Vigo", el ir "montando Cristos".

Y no menos original "La historia enterrada", y lo es "La herencia del Velo", un cortometraje sobre la emigración a México. Incide en el mismo tema el artículo "Ciudadanos de ninguna parte", una trágica historia de una familia de Soutelo de Montes emigrada a México. Y choca el titulo "Pintan vastos", que asocia juego de cartas y su acepción metafórica: las cosas claras. Y también el que se hace la pregunta "¿A dónde vai o gando?"

Lalo es un nombre que semeja otro nombre (Gerardo); es el niño asombrado ante el ruidoso juguete cuyo mecanismo desea deshacer; es el mecanógrafo fascinado ante las teclas tintineando sobre páginas en blanco; es el colmenero que escucha atento el susurro de sus colmenas. Y el articulista que a través de su memoria y de su ágil estilo, bilingüe en castellano y en gallego, es también la cara de aquel lejano niño que quiso ser Gerardo, como el padre, y  se quedo en una mágica palabra de fácil dicción: LALO. (Parada de Sil).