Opinión

Historias sin escribir: los pleitos de aguas

Opinión

Historias sin escribir: los pleitos de aguas

Las aguas bajaban bulliciosas por las laderas de la Ribeira Sacra hacia el Sil. En las abruptas pendientes que bordean el Concello de Parada de Sil, varios molinos de piedra (famosos los de Entrambosríos), desviaban la corriente impetuosa. Dieron vida a una industria casera: la molienda del centeno y del maíz, escasamente del trigo. El molinero obtenía el justo precio de la molienda: la maquila. Equivalía a la recompensa, una vez molido el grano, por la harina entregada. Molinos llenos de memorias: lugares de encuentros furtivos. El folklore popular y la picaresca volcaron sus tintas sobre los amores del molinero. El interior del aislado molino, al lado del un riachuelo, el movimiento rítmico y el correr de la aguas eran incentivos eróticos Al caso, la novelita de El lazarillo de Tormes cuyo personaje vivió determinado por su nacimiento, a orillas de un molino, y por las artes de su madre, la molinera.

El movimiento giratorio del molino, la harina como generadora de vida asociaban un núcleo de sutiles metáforas Se extienden al molinillo (cunnus), al moler (mover, futurere) y al cerner (moveri) la harina (semen). Tal sentido figurado lo recoge Gonzalo Correas en su Vocabulario de refranes y frases adverbiales (Salamanca, 1627). Nótese el refrán "El abad y su vecino, el cura y el sacristán, todos muelen en un molino". Y en cuanto al significado crítico de leche, la redondilla: "Y mirando a su molino / donde la espiga se muele / y de los granos se saca / la harina blanca de leche". El repertorio es extenso.

Volviendo al espacio que nos ocupa (Ribeira Sacra), y a la economia rural del pasado siglo, patata, maíz, pastoreo del ganado vacuno, el regadío era fundamental en la economía casera. Eran frecuentes los pleitos de aguas en el Concello de Parada de Sil. Desechados los testimonios escritos, las muestras de las que disponemos, aunque mínimas, son relevantes. Aun son recordados, en la lejanía de la memoria de algunos vecinos pisando los ochenta años, algunos casos que fueron objeto de noticia local muy comentada. Aldeas como colgadas del aire (Espiñas, Os Fiós, San Lorenzo) controlaban y retenían las aguas de sus regatos antes de precipitarse, los días de intensas lluvias, por barrancos y hondonadas hacia al cañón del Sil. Y lo mismo las corrientes que bajaban por las laderas de A Cabeza da Meda. Desde Teimende y Requián eran controladas hacia los regatos que bordeaban Sardela, Caxide y Castro. 

Ya camino de la primavera y del verano, y en pleno otoño, los cauces eran desviados al sembrado de patatas o maíz; a los prados que, retoñando, ofrecerían un apetitoso pasto al ganado después de un largo invierno frugal. Si bien el agua era un bien común, el conflicto surgía en cómo repartirla: llegar a un acuerdo sobre el día que le correspondía a cada vecino la riega y las horas asignadas. Una vez acordado, se tendría en cuenta el espacio a regar y el fruto sembrado. 

Al orden del día el hurto de las aguas ajenas al amanece, a la caída del día o a media noche. O incluso al amanecer. Se cambia el curso del cauce central, se abría otra menor a base de pequeños diques de piedras, tierra y césped. Las denuncias eran frecuentes, y los enfrentamientos no menos casuales. La mayoría de los pleitos eran entre vecinos de la misma parroquia. O de un grupo de vecinos de una parroquia enfrenados con la colindante. La escasa documentación sobre los frecuentes juicios limitan una investigación seria. Tan solo queda la vaga memoria de quienes aun recuerda los casos más sonados. 

Los enfrentamientos arrastraban con frecuencia años de rencor. Se denunciaba cómo en medio de la noche, candil de carburo en mano, azada al hombro, el furtivo arriesgaba su integridad física variando el cauce del agua que no le pertenecía. Se rompía el pacto acordado y surgían nuevos litigios. No se escatimaban las costas del proceso judicial. En los pocos testimonios examinados notamos que los litigantes solían ser los mismos. Se repiten las firmas de los mismos testigos. El caso del regadío de "As Moreiras", y el cauce "O regueiro do Campo", fueron objeto de acaloradas disputas. Enfrentados un once de mayo de 1935 Venancio Cortés Pacios contra Lisardo Andrés, vecino de Teimende.

En mayo de 1938 se cerró en el juzgado comarcal de Puebla de Trives un sonado litigio. Los pleitistas procedían de la aldea de Sardela, parroquia de Parada de Sil. La tasación de costas ascendió a un total de 98 pesetas con 50 centavos. Las partidas se desglosaron de la siguiente manera: artículo 26 del arancel, 25 pesetas; disposición del mismo, 15 pesetas; derechos del alguacil, salida, 7,50; Custodio, D. G. núm. 15, tres meses, 6 pesetas; comisión y gastos de viaje, D.G. núm. 7, 45 pesetas.

Los pleitos de aguas han ocasionado serios reveses en la historia de la humanidad. Y mucha sangre derramada. Relegados a una microeconomia rural, aldeas casi vacías de la Ribeira Sacra, en otro tiempo superpobladas, el control de sus aguas era obsesiva: la historiade sus mentalidades. Rencillas y obsesiones a flor de piel. Formaban también parte del imaginario social en el que vivián sumidos, años ha, los heroicos aldeanos de la Ribeira Sacra. Historias mínimas, sin escribir.

 (Parada de Sil).

Comentarios