Opinión

Lecturas trasatlánticas

Opinión

Lecturas trasatlánticas

Los Kossoff tenían a gala la amistad con el gran escultor maño Pablo Serrano. Les había dedicado la gran escultura de Antonio Machado. La sala de estar del matrimonio, al igual que las escaleras que subían al segundo piso, y la entrada a la cocina, estaban decoradas con pequeñas estatuillas de Pablo Serrano. Hablaban de él con afecto. Cuando llegué a Brown ya habían vendido su espaciosa casa de Providence, y movido a la casa de verano que heredó Ruth, en Wareham, estado de Massachusetts, ruta 89 Este, camino de Cape Cod, a la entrada de una pequeña bahía. No era fácil dar con ella. Había que salirse de una carretera secundaria y tomar un estrecho camino sin pavimentar. Un lugar, si bien aislado, paradisíaco. Le hicieron pequeñas modificaciones, habilitándola para vivir todo el año. Recién llegados a Providence, nos invitaron a pasar una tarde en compañía de otros colegas: Francisco Márquez Villanueva y su esposa, Teresa, llegados de Harvard, y el ex–alumno de David, James Iffland, asentado Professor en Boston University. 

Terminada la cena, un paseo habitual por un pequeño bosque que daba a una ría en forma de codo, aguas cristalinas, sin apenas profundidad. En esta casa pasó sus últimos días este matrimonio, cariñoso, acogedor, hospitalario, sumamente generoso, modestos en el vivir, frugales con ellos mismos. Dejaron un sustancioso fondo a la universidad con cuyos intereses (David and Ruth Kossoff Fund) se podía adelantar dinero a aquellos estudiantes de posgrado en necesidad. Pagar también, por ejemplo, los gastos de viaje y los honorarios a un prestigioso conferenciante. Sin hijos, su selecta biblioteca cayó en manos de un sobrino, ingeniero de profesión, que no supo valorarla siendo en parte desbaratada. 

Asumo que Pablo Serrano también quedó cautivado por la sencillez y bondad de la pareja. Una de las réplicas de la escultura de Machado fue donada a la universidad. Después de estudiar su posible localización se decidió que una de las residencias universitarias, majestuosa, estilo chateau francés, donada por una adinerada familia de Providence (The Sharp Family), con una notoria presencia entre los antiguos alumnos de Brown, llevase el nombre The Antonio Machado House. En una esquina del patio, a su entrada, se colocó sobre un pilar de granito el majestuoso busto. Supe que se rememoraba un lejano congreso frustrado. Lo organizó el Departamento en parte con sede en Úbeda, suspendido por la censura franquista. Cundió la noticia y una de las respuestas fue la escultura de Pablo Serrano. 

El poeta sevillano Fernando de Herrera, gran comentarista de la obra de Garcilaso, había sido objeto de estudio de David Kossoff. En pequeñas fichas, escritas a mano, durante años, fue anotando y documentando, palabra a palabra, su uso en la extensa obra de Herrera. El producto final, el Vocabulario de la obra poética de Herrera que, en 1966, publicó la Real Academia Española. Labor titánica la de este valiente lexicógrafo. En su acallada humildad dejó un erudito mojón de obligada consulta en las letras españolas del Renacimiento, a medio camino del Barroco literario del siglo XVII. El gran artífice que era Herrera en el variado uso de las figuras retóricas se refleja también en el campo léxico. Unió tradición y novedad: abrir la lengua a las influencias exteriores (cultismos, neologismos) y recuperar aquellos vocablos desechados por el uso común (arcaísmos). La presencia de los numerosos cultismos en Herrera obedecía al concepto erudito de su poética: rebuscar vocablos nuevos de origen clásico, y acercar el español al latín, la lengua universal de la erudición y de la cultura. El siguiente verso, «de las crespas lazadas d’oro ardiente» ya augura los nuevos aires que abanderará Luis de Góngora.

De ascendencia judía, procedente de Rusia, la familia Kossoff se había instalado en la ciudad de Hartford, la capital del estado de Connecticut, no muy lejana a Providence. Una tuberculosis, siendo adolescente, le dejé un pulmón debilitado de por vida. Su esposa Ruth, en sus años de pregrado en Mount Holyoke College, había conocido brevemente a Luis Cernuda como miembro de la facultad. La pareja era una asidua presencia en los congresos de la Asociación Internacional de Hispanistas; activos en el celebrado en Brown y en la elaboración de las Actas. Como su admirado y amigo Pablo Serrano, y como éste y Antonio Machado, David A. Kossoff era «sencillamente bueno».

(Parada de Sil)