Opinión

Nunca estuve en Woodstock

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Nunca estuve en Woodstock

Yo nunca estuve en Woodstock. Pero me hubiera gustado estar. A unos setenta kilómetros al sureste de Nueva York, tres días de locura: Paz y Música, entre el 15 y el 18 de agosto de 1969, rezaba el breve manifiesto. En una granja lechera (Max Yasgurt), cercana al lago White Lake y al pequeño pueblo de Bethel, una presencia masiva de jóvenes llegados de todos los rincones de Estados Unidos. Los organizadores asumieron que se juntarían sobre la verde pradera unos cincuenta mil asistentes. De acuerdo con algunas estimaciones subieron del medio millón. El ferviente sonido de música rock, mañana, tarde y noche, consagró la nueva cultura hippie. Y su contra-cultura: no a la guerra de Vietnam, no a las férreas prescripciones puritanas (familia, religión, poder) y sí a la celebración individualista que proclamaba la libertad sexual, la vida comunitaria, el cuerpo libre de preceptos teológicos, la ecología, el primitivismo y un nuevo orden social. Quedó registrado en un magistral cortometraje (Wookstock: tres días de paz y música), galardonado con un Oscar. Dio voz y consolidó la cultura anti-establishment de los años 60. Algunos de sus lemas aún siguen presentes

Apenas llevaba cuatro años en Estados Unidos. Profesor de español en un colegio privado, trescientos alumnos internados, entre los catorce y dieciocho años, unos cincuenta profesores, y un departamento de lenguas extranjeras que ofrecía español, francés, ruso, alemán, latín y griego. Ubicado en un un pequeño pueblo (New Hampton), a unos ciento cincuenta kilómetros de Boston, como en el medio de nada. Aislamiento y concentración (mens sana in corpore sano) como lemas de acción pedagógica. Ya muy de mañana, clases; después del almuerzo, deportes. Disciplina (estudio) y máximo control (ejercicio físico) eran las metas pedagógicas, invariables. Se ajustaban a una ideología puritana que realza el equilibrio mental y el físico. Y refleja la clara meta de la institución: el acceso a una universidad de cierto prestigio. 

La ideología puritana marcaba los preceptos que regían el internado. Al igual que el de los numerosos internados que se hallan en la extensa zona de Nueva Inglaterra (New England). No en vano Harvard -como posteriormente Yale y Princeton- fue fundada en 1636 por los puritanos. Puritanos fueron entre otros John Endicott, el primer gobernador de Massachusetts y John Winthrop, el segundo gobernador de la citada colonia. Thomas Hooker fundó el estado de Connecticut, John Davenport la ciudad de New Haven (sede de la prestigiosa Yale University), y Roger Williams, el más puritano de todos, el estado de Rhode Island. Incluso un cuáquero como William Penn, fundó el estado de Pennsylvania y la ciudad de Filadelfia

El gran festival de Woodstock rompía moldes de conducta social puritana. Supuso un gran chock cultural. Una gran aventura colectiva, que dio voz a un liberalismo radical y revolucionario. Permeó las mentes de los jóvenes universitarios y de los estudiantes de High School (preuniversitarios). Las consignas de los participantes en Woodstock alentaron nuevas políticas y futuros cambios históricos: cayó el Muro de Berlín, Mandela fue liberado, se asumió la guerra de Vietnam como injusta y equivocada. Hizo posible que las nuevas generaciones viviesen libremente; que se respetase el planeta Tierra (ecología); que se inmiscuyesen en la lucha por los Derechos Civiles, por los Derechos de la Mujer (femenismo) y por los Derechos Humanos. El impacto del festival de música de Woodstock aún pervive hoy día. 

Memorable la actuación del gran instrumentalista Jimi Hendrix. Presentó a su grupo con dos imágenes simbólicas: Gypsy Sun (Sol gitano) y Rainsbows (Arcoiris). Las abrevió con el motto “Grupo musical de gitanos”. Y su primera canción, no menos significativa: “Un mensaje para amar”. Le siguieron “Isabella” y “Mujer gitana” (Gypsy Woman). A Jimi Hendrix le siguieron, entre otros, Joe Cocker, la afamada Joan Baez y no menos Carlos Santana. Los grupos musicales más reconocidos estaban presentes. Consagraron el movimiento hippie con un relevante transfondo político de protesta: la infame guerra de Vietnam. E impusieron tres grandes valores morales: paz, amor y tolerancia. 

En cuatro ocasiones se intentó repetir el éxito de Woodstock. En 1979, en el recinto del Madison Square Garden, de Nueva York, en 1989, en el emplazamiento original de la primera celebración; en 1994 en Saugerties, en el estado de Nueva York y en 1999, en Rome, del mismo estado. El citado documental, Woodstock (1970), que dirigió Michael Wadleigh, es un fiel retrato de aquellos tres días del mes de agosto, de locura y ensueño, de paz y amor, de la mano de sexo y drogas (marihuana y LSD), al aire libre, entre una gran multitud de jóvenes, sobre una extensa pradera. Se celebró el gran don de la libertad.

Fracasó el intento de celebrar el cincuenta aniversario del Woostock Musical Festival. Las grandes leyendas, marcadas por un espacio, un tiempo y una historia, son únicas. Iconos culturales con varias lecturas. Destaca la imagen de una utopía que liberó las fuerzas represivas que resringían las apetencias más básicas del ser humano. Liberó el sueño racionalista y hasta teológico que impuso, ya desde la lejana Reforma protestante (luterana, anglicana y calvinista) y de la Contrareforma tridentina, la gratitud por la vida (Love) y por su expresión más creativa (Music). Me hubiera gustado estar en Woodstock. 

(Parada de Sil)