En el fondo del pozo

En el fondo del pozo

 “Si no fueran tan temibles nos darían risa.
Si no fueran tan dañinos nos darían lástima.
Porque, como los fantasmas…no son nada
si les quitas la sábana”
(Joan Manuel Serrat)

En medio del terremoto, la aplicación del 155 para cesar a los sediciosos y convocar elecciones autonómicas el 21 de diciembre, es un alivio. Pero lo cierto es que, después de años de dispatates, al fin hemos saltado al abismo. El delirio y las ilegalidades del Govern, la irresponsabilidad de Rajoy y del ala ultra del Partido Popular en su frentismo anti-catalán de cálculo electoralista, y la pusilanimidad de una izquierda incapaz de comprender -como advierten ahora Nicolás Sartorius o Alberto Garzón- que el nacionalismo no es de izquierdas y que cuando el derecho de autodeterminación lo exigen los ricos hay que sospechar, han terminado provocando la peor crisis de la democracia. 

Lo más inquietante es que la peor generación política del último siglo que ha provocado este desastre debe que ser la que gestione la situación, al menos hasta que le pasemos la correspondiente factura en las urnas. De manera que habremos de buscar algún alivio a tamaña desazón en esos versos de un catalán cabal como Serrat que dicen “bienvenidos al fondo del pozo, porque de ahí en adelante solo cabe ir mejorando”. Veremos. 
Hoy, sin embargo, queda poco margen para otra cosa que la estupefacción. 

El mínimo atisbo de una evanescente convocatoria electoral que el jueves por la mañana disparó la bolsa y las esperanzas dio paso por la tarde al ciego acelerón hacía el despeñadero, consumado ayer en la enésima y definitiva sesión ilegal del Parlament. 

Ahora el Estado liquidará con toda la dureza de la coerción constitucional el desorden que el mismo Estado con su desistimiento dejó anidar en Catalunya, y hasta es posible que -como en una noria del tiempo tirada por un mulo ciego- pronto veamos en las calles reclamando “libertad, amnistía y Estatuto de Autonomía” a los mismos que hoy la tiran al vertedero de la historia.
Porque eso es exactamente lo que ha ocurrido. Que el realismo mágico independentista arroja al abismo a Catalunya, liquida 40 años de libertad y la mayor autonomía política del mundo democrático, y lleva a sus insensatos dirigentes a la ensoñación de una Ítaca en la que mañana descubrirán que no hay ningún horizonte. Salvo el penal.