Entre Plotino y la Copa del Rey

Entre Plotino y la Copa del Rey

El artículo 14 de la Constitución proclama solemnemente que todos los españoles somo iguales y no hay una sola línea en los restantes 168, cuatro disposiciones adicionales y nueve disposiciones transitorias que asigne mayor porcentaje de españolidad a un ciudadano por ser de derechas y vivir en Morata de Tajuña, ni menos a otro por ser de izquierdas con residencia en Allariz o en Hospitalet. 

Parece, no obstante, que las elites políticas -nuevas o “de la casta”- no acaba de asimilar ese precepto básico del pacto constitucional del 78, y en cuanto flamea la bandera o suena el himno nacional la derecha se los apropia con patriótico brío y la izquierda toma distancia con desdén acomplejado. 

Puede que entre ese desistimiento “progresista” y la apropiación indebida “conservadora” esté la causa última de que a estas alturas de la historia no hayamos alcanzado un mínimo consenso sobre los símbolos, sin que ninguna de las múltiples, diversas, libres y enriquecedoras maneras de entender la identidad española deba arrogarse más derechos o superioridad moral que las demás. Puede, sin embargo, que todo sea parte de este teatro de filósofos de bar que llamamos España, esta Corte de los Milagros donde un debate de algo sustancial y otro de gilipolleces se diferencia en que este es mucho más apasionado e interminable. 

La astracanada de la letra de Marta Sánchez al himno nacional ya tiene a derechas e izquierdas en sus trincheras, disputando sobre galgos, podencos y copas del rey. El famoso pensador Plotino decía que resulta muy saludable emborracharse una vez cada quince días y hacer el amor dos veces cada siete, siempre que no se intente simultanear ambos episodios. De manera que aquí no vamos a contradecir a Plotino simultaneando debates intrascendentes sobre pensiones, precariedad laboral y salarios de mierda con esencias patrióticas. Además, en una cosa sí somos iguales en este país: No hay cosa que más nos ponga que una buena y encendida polémica. A condición de que sea por completo inútil, naturalmente.