Opinión

¿Qatar el último mundial sin parar el reloj?

Me voy unos días a Qatar, invitado por el Presidente de FIFA, con la ilusión de vivir allí tres sueños importantes. Los primeros, seguro que compartidos por todos, uno es social, que el Mundial sirva para que se avance, de forma sustancial, en los derechos humanos de mujeres, homosexuales y trabajadores catarís, mientras el otro es deportivo, que España se proclame campeón de su grupo. El tercer sueño es mucho más personal, y llevo años proponiéndolo: tratar de convencer a FIFA y a la International Board que los partidos se disputen a 60 minutos de tiempo efectivo de juego, en lugar de los 90 minutos actuales de tiempo corrido.

Para mi el Mundial va a servir de locomotora de la mejora de derechos humanos en Qatar. Estoy seguro que, aunque su religión no ayude mucho, van a introducirse mejoras que harán que esa botella, hoy vacía, se comience a llenarse de derechos para mujeres, homosexuales, trabajadores… Será el logro de una campaña sin precedentes, gracias a lo que significa el fútbol, pero no se podrá comprobar de inmediato. Será un trabajo lento, pero estoy convencido que en Qatar se hablará pronto, en cuanto a derechos humanos de un antes y un después del Mundial.

Mi no rotundo para aquellos que, ante un país históricamente alejado de los principios democráticos, ahora condenan la concesión que hace 12 años hizo el Presidente Blater a Qatar por razones económicas, y le exigen a los estamentos del fútbol una actitud que jamás le han exigido, quizás porque no fuese sensato, a sus gobernantes, a los que no les han prohibido aceptar grandes inversiones para su país ni realizar compras energéticas, ejemplos a los que no es ajena España.

Una España que brilló en su debut, pero que, puede ser engañoso, porque Costa Rica se mostró muy endeble -posiblemente por el gran encuentro de los nuestros- pero lo que si creo ha quedado probado es que Lui# Enrique es un extraordinario entrenador, que, como líder indiscutible, fue el constructor, contra viento y marea, de una selección jovencísima, hecha a su imagen y semejanza, que apunta a dar éxitos memorables a España, y que sí garantiza que el equipo competirá al máximo nivel contra rivales llámense Brasil, Francia, Inglaterra, Argentina, Alemania…

Sin embargo bien haremos en dosificar los adjetivos exagerados y así no incurrir en una euforia sin sentido que tanto daño causó a la Argentina de mi querido Scaloni, que se ve obligado a jugar a vida o muerte contra ese otro crack mundial que es mi entrañable Andrés Guardado, integrante del selecto grupo de jugadores que ya han disputado su quinto mundial, en un partido que me encantaría ver en directo para abrazarlos en nombre de todos los deportivistas, pero creo que no llegaré a tiempo.

Para lo que si llegaré a tiempo es para insistir en mi cruzada desde hace tiempo y poder animar a Gianni Infantino, que ya el pasado enero se posicionó a favor de su estudio, a que FIFA avance y modifique la regla del tiempo de juego y pase de los 90 minutos de tiempo corrido a los 60 minutos de juego real, medido por crono.

Cada día son más las autoridades futbolísticas que se suman a mi petición, porque tras Gianni Infantino, lo hicieron en España Carlo Ancelotti y Xavi Hernández, a los que se unió en los últimos días, y de forma rotunda, Luís Enrique.

En Doha también trataré de documentar mi propuesta ante, mi viejo conocido, “El Profesor” Arsene Wenger, factótum de aquel Arsenal grandioso de los inicios de los 2000 y que actualmente en FIFA es el “Director de Desarrollo Mundial del Fútbol”.

Los entrenadores, los jugadores, los aficionados están cansados de comprobar que en los partidos que tendrían que durar 90’ de juego, solo se disputen, como máximo, según las estadísticas de las competiciones, entre 55’ y 60’ efectivos. Pues no engañemos más al espectador, y que sea un cronometrador oficial el que le garantice transparencia y esa hora de espectáculo por la que ha pagado.

Es tan bochornoso el dato de juego real, que por eso las estadísticas -que cada día nos ofrecen mas detalles de los partidos, muchos innecesarios- no nos facilitan el tiempo efectivo de juego. Sería un dato que convencería hasta a los que hoy no creen en que debe producirse un cambio en la regla y no defraudar la buena voluntad de los aficionados… a los que incluso se les niega el conocer cuando el árbitro debe señalar el final de un encuentro, porque el reloj oficial se detiene en el minuto 90, quizás para que nadie pueda calcular cuando el colegiado pitará el final del partido, lo que no parece demasiado transparente.

La necesidad del cambio es tan evidente que los árbitros han recibido la orden de prolongar los encuentros mucho más por el tiempo perdido, lo que se puede entender como un primer paso para el cambio. En un artículo anterior yo lo definía como “tercer tiempo en el fútbol”, porque ya no es noticia que se prolonguen más de 15 minutos los segundos tiempos, con otro problema que se le acarrea al árbitro que, aparte de su ya más que difícil misión, se le obliga a memorizar la infinidad de pérdidas de tiempo de siempre, acrecentadas ahora con el VAR, hidratación…

Hagamos felices a los árbitros y Cía, y aprobemos con urgencia los 60’ de tiempo de juego efectivo en el fútbol. Si el avance para que todos lo veamos coincide con un gran Mundial de España, mi visita a Qatar sería perfecta, porque de lo que estoy seguro es que se producirá la mejora de los derechos humanos del pueblo catarí.

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