Opinión

Una familia de músicos: los Casasnovas

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Una familia de músicos: los Casasnovas

Jugma. No recuerdo bien, pero debió ser el año 1945 o 46 cuando fui a clases de solfeo con el sr. Casasnovas. Don Modesto Casasnovas vivió con su familia en el número 42-1º de la calle de Lamas Carvajal, la casa ya no existe, porque fue derribada y se construyó el edificio de Galerías Dorzán. En el bajo de aquel inmueble estaba Calzados Blasón. Recuerdo que el piso tenía dos balcones que daban a la calle y que precisamente correspondían a dos habitaciones, comunicadas que el sr. Casasnovas había dedicado para su academia de música. Se impartían clases de solfeo, y el aprendizaje de toda clase de instrumentos de cuerda y de viento.

También preparaba canto para ingreso en la Escuela Normal de Magisterio, que entonces estaba situada en un edificio en la calle del Progreso, muy próximo a la entonces Prisión Provincial.

De las paredes de la Academia Casasnovas colgaban rutilantes instrumentos musicales que por su belleza decoraban y embellecían la estancia. El resto del piso estaba dedicado a su vivienda. Sin embargo al entrar, el olor de la cocción de verdura envolvía todo diariamente, y en mi pituitaria quedo grabado. Es hoy el día que sigo identificando el piso con dicho “cheiro” ¡Después de los años pasados! Nuestro cerebro es un auténtico “cajón de sastre” donde guardamos todo tipo de sensaciones y recuerdos.

Había sido mi padre el que había tenido la idea de que yo estudiase solfeo, ya que él era un enamorado de la música y tocaba varios instrumentos, y por otro lado era el objetivo de que yo estuviese ocupado mientras esperaba el examen de Reválida. El sr. Casasnovas era un anciano afable y paciente con sus alumnos, educado e incansable. Vestía una especie de guardapolvos o bata de color beige, propio de los profesores que manejaban la tiza y el encerado, al igual que había visto de niño a mi profesor don Manuel Sueiro en la calle de La Libertad cuando nos explicaba aritmética.

Mi profesor de música lo recuerdo siempre risueño a pesar de lo cansada que era su profesión. Enseñar música, entonar y manipular instrumentos, quiero decir que algún alumno ofrecía tal resistencia a la tonalidad que hacía imposible su aprendizaje, pero esto es una cuestión que trataré en otro relato.

En la familia Casasnovas, todos, hombres y mujeres, fueron músicos y todos sabían tocar varios instrumentos, como fundamentales pianos y violín. No tengo duda de que juntos formarían una gran orquesta; pero que yo sepa, nunca lo hicieron. Alguno emigró, es el caso de Vicente que se fue a Venezuela, o Alfonso que se ordenó sacerdote y se fue a Brasil. Luis ejerció de maestro y se casó con Rita Guiomar, tocaba el violín. Manuel Casasnovas tocó en varias orquestas, también en la iglesia de Santo Domingo. Fue profesor del Conservatorio de Ourense, estaba casado con Pepita. José Casasnovas tocaba el piano y el órgano, fue organista en Santo Domingo y en el Santo Ángel. Parece ser que la marquesa de Atalaya Bermeja, doña Angelita Varela, que vivía en su casa de la calle de Santo Domingo, que hace esquina a Cardenal Quiroga, le tenía gran admiración y lo contrató con un documento manuscrito en donde le aseguraba un sueldo mientras ella viviese. Finalmente, el más joven, Carlos, que había ganado por oposición la Titularidad de Contrabajo en la Orquesta Nacional de España y que desgraciadamente murió joven, falleció en accidente de automóvil en la carretera de Ciudad Real a Madrid. 

Y como final, quiero recordar y rendir tributo a una familia ourensana por su aportación a la enseñanza y al arte musical.