¿Repetir las elecciones?

¿Repetir las elecciones?

Repetir las elecciones sería el reconocimiento de un fracaso político pero las exigencias de unos (Pablo Iglesias) y las trabas de otros a la investidura presidencial de Pedro Sánchez (Pablo Casado y Albert Rivera) han llevado al PSOE (José Luis Ábalos) a resucitar ese fantasma. Parece un farol, pero el sólo hecho de que no se descarte le ha metido el miedo en el cuerpo a más de uno al tiempo que describe la inquietud y las incertidumbres de quienes lo anuncian.

Hablo de la clase política, porque para los ciudadanos la repetición resultaría insoportable visto que contando las andaluzas, hemos tenido cinco elecciones en seis meses. Cuando digo que sería insoportable no me refiero únicamente a los gastos que aparejaría la repetición -las de abril costaron 139 millones de euros-, pienso, también, en una suerte de fatiga cívica ante la frivolidad en la que se han instalado algunos de los dirigentes políticos actuales. Incapaces de aparcar sus ambiciones personales o los intereses de su partido en aras de un mínimo patriotismo orientado a defender el bien de la mayoría.

Repetir las elecciones sería la prueba de la incapacidad de nuestros políticos para circular con las luces largas. Para ver el camino que se abre y cómo afrontarlo. España necesita un Gobierno estable cuanto antes. Tenemos problemas muy serios que se agravarían con la inestabilidad derivada de un Ejecutivo débil o sometido a pactos que maniatarán su capacidad de decisión. Bastaría con pensar en el desafío de los partidos separatistas catalanes para comprender que dada la magnitud de lo que está en juego el país no se puede permitir un Gobierno central débil por inestable. Estamos en vísperas de hechos cruciales. Por una parte la comunicación de las sentencias del Tribunal Supremo a los dirigentes políticos catalanes procesados por el intento de golpe de Estado (rebelión según la acusación de la Fiscalía) y, por otra, con el 11 de septiembre en puertas. Una jornada de movilización tradicional en Cataluña que los separatistas tratarán de convertir en plebiscito antiespañol y a favor de la República que fue ilegalmente proclamada. Las estimaciones más optimistas para llegar a la votación de la investidura hablan, como muy pronto, de después del verano. Septiembre va a ser un mes al rojo vivo en la política nacional. Pero ni siquiera es seguro que para entonces Pedro Sánchez que, dicho sea entre paréntesis, se resiste, porque no quiere meter a Pablo Iglesias en el Gobierno, haya conseguido los apoyos necesarios para superar las votaciones. La amenaza de repetir las elecciones parece más un farol que otra cosa, pero en el fondo late el temblor de vísperas de acontecimientos que un Gobierno en funciones difícilmente podría controlar.