Opinión

El peculiar ourensano Soto, primer alcalde democrático de Vigo y las habaneras

Manuel Soto, incansable viajero, es el primero de la izquierda.
photo_camera Manuel Soto, incansable viajero, es el primero de la izquierda.

En la colección de La Región figura una entrevista a doble página que le hice en su momento a un ourensano muy conocido en su tiempo y que sería el primer alcalde de Vigo tras la recuperación de la democracia, Manuel Soto. Con el tiempo, se haría famoso en toda España como “el compañero Soto” y sobre todo, por sus viajes, ocurrencias, y hechos disparatados de los que fue protagonista a lo largo de sus mandatos, pero hay una historia especialmente divertida, tras un viaje a Cuba, lo que dio lugar a que varios periodistas, algunos muy vinculados a esta empresa, le dedicarán una habanera, cuya grabación original está depositada en el Arquivo Sonoro de Galicia.

La querencia del alcalde de entonces Manolo Soto de viajar al extranjero, a veces por motivos tan curiosos como acudir a todo tipo de congresos tuvieran o no relación con Vigo (en una ocasión lo hizo a uno de “ciudades de alta montaña”) o el pintoresco hermanamiento con la aldea groenlandesa de Naarsaq, de 2.500 vecinos, o todavía mejor su querencia por Cuba, trajo por aquí a los más diversos y curiosos personajes y dio lugar a que algunos escribiéramos que Vigo era ya una ciudad Estado, regida por un ourensano. Los amigos y coetáneos ourensanos de su juventud, cuando leían en los periódicos sus andanzas por el mundo, comentaban que “eran cosas de Soto”.

Lo de Cuba merece un capítulo aparte y nos trajo por aquí a un viceministro de aquel país, que fue recibido en el aeropuerto con honores de Estado y trasladado a las casas consistoriales escoltado por la guardia urbana en formación de rombo, que era como iba escoltado Franco. La venida del viceministro fue la respuesta a uno de los viajes del alcalde Soto a Cuba, a cuyo regreso nos anunció a los periodistas que se iba a firmar un acuerdo comercial con la isla y, sobre todo, que se iba a desarrollar un programa de cooperación cultural, anunciado por el entonces concejal de cultura Francisco Santomé, que incluía un “concurso de habaneras” y el intercambio de fauna autóctona, “cocodrilos y guacamayos por teixugos”. Luego el viceministro famoso dijo que venía poco menos de que turismo. Pero estos lances nos proporcionaban mucho para escribir.

Dos periodistas, Manolo Orío y el que suscribe (el primero, además, autor de la música) compusimos y grabamos con otros colegas la “habanera de Soto”; que hubiera ganado el concurso, pero a la vista de que nos adelantamos ya no fue convocado. La letra, cantada a ritmo tradicional de habanera dice: “En la serviola de mi navío, la vista puesta en el verde mar/veo las casas que yo te digo, se llama Vigo, ciudad sin par / Entre esas casas que yo te digo, una es más alta, piedra y cristal / en ella vive un amigo mío, es el palacio municipal”. Y viene el estribillo: “El alcalde de Vigo tiene una pena, ¡ay!, el alcalde de Vigo tiene un dolor / No sabe si obtendrá confianza plena, no sabe si está listo ¡ay! para la reelección / En su despacho de la alcaldía Manolo vuelve a pesar que la tormenta que se avecina, un día estos le va a pillar / Le gustaría estar en la Habana, cigarro puro, vaso de ron / bellas mujeres, flor de banana y cocodrilos a discreción / El alcalde de Vigo tiene una pena, ¡ay!, el alcalde de Vigo tiene un dolor / No sabe si obtendrá confianza plena, no sabe si está listo ¡ay! para la reelección, la reelección / Sentado en popa canta habaneras que le recuerdan emoción con emoción / esas cubanas de piel morena, tan diferentes de mi obligación. Carlos Mantilla, Jorge Parada, Juanito Herrera, Maria Arán, Javier Pedrido y Elvira España, que diferentes de aquella paz (estribillo: “el alcalde de Vigo tiene una pena”) Final: Un día de estos lo dejo todo, y en mi fragata me hago a la mar, cazo la escota, largo la vela, y ya me pueden ir a buscar / y que en encuentre allá en La Habana, lejos de todo el, berenjenal, / arropadito por las cubanas, no me molesten quiero soñar / El alcalde de Vigo tiene una pena, ¡ay!, el alcalde de Vigo tiene un dolor / Na sabe si obtendrá confianza plena, no sabe si está listo ¡ay! para la reelección, la reelección… Larala lala ...).

Este singular ourensano, como todos los alcaldes, cometió errores y tuvo aciertos, pero nos reímos mucho con él.

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