El odio de los fascistas

El odio de los fascistas

He leído el excelente artículo de Almudena Grandes sobre la miserable afirmación del filo-nazi Ortega Smith poniendo en duda la realidad de la historia de las Trece Rosas. La periodista llega a la conclusión de que solo la derrota electoral de los partidos de extrema derecha puede evitar la involución que supondría la revisión de los valores de convivencia en libertad. Coincido con la periodista en el llamamiento que hace a la participación en las elecciones del 10 de noviembre y al compromiso con la democracia de las fuerzas progresistas en un momento tan importante para la sociedad española. La extrema derecha ha prescindido de la máscara que ocultaba su odio contra los defensores de los derechos individuales y en particular contra el partido socialista. La rendición de Ciudadanos y la hipocresía del PP amparan las actitudes xenófobas, homófobas, racistas y machistas del neo-franquismo de Vox. La organización de extrema derecha muestra su rabia e impotencia por la exhumación del traidor a la patria y criminal de guerra Francisco Franco. 

 En una dinámica de exaltación del fascismo, el portavoz de Vox se atreve a justificar los crímenes cometidos por la dictadura franquista atribuyendo atrocidades a las víctimas inocentes, que fueron declaradas culpables por el mero hecho de haber perdido la guerra. En una dinámica de terror (no olvidemos las palabras del ideólogo del golpe militar, el general Emilio Mola: “Eliminar sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”), el régimen cometió tremendas monstruosidades y entre ellas el fusilamiento de las Trece Rosas, nueve menores de edad. También fueron fusilados, en las mismas fechas, más de cuarenta militantes de organizaciones que defendieron la legalidad republicana, y entre ellos un niño de catorce años. Es de destacar que el encargado de dirigir la represión fascista en Madrid durante los primeros meses de la postguerra fue el bisabuelo del vicesecretario de relaciones internacionales y portavoz en el Congreso de Diputados de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, hablamos del general de división Eugenio Espinosa de los Monteros, que en los años 40 y 41 fue embajador de España en la Alemania nazi, tal vez como premio a su sanguinaria lealtad.

Los partidos democráticos han sido generosos con los responsables de la represión franquista, ni uno solo fue juzgado, encarcelado o represaliado. La judicatura, el Ejército, la Brigada Político Social (policía), las fuerzas de orden, los funcionarios… todos y cada uno de ellos continuaron en sus puestos y fueron respetados sus “derechos", quedando integrados en el régimen constitucional; incluso la familia del dictador siguió conservando las propiedades usurpadas al Estado o expropiadas fraudulentamente al pueblo español. Fue un compromiso compartido por todos los partidos democráticos en busca de la “reconciliación nacional” por la que se llegó a renunciar a símbolos y principios inherentes con la condición de republicanos. La izquierda ha luchado por un sistema de libertades y derechos; en ese largo camino, cientos de miles de militantes y simpatizantes fueron torturados, asesinados, expropiadas sus propiedades y en el mejor de los casos cesados en sus puestos de trabajo. Millares de maestros, funcionarios de Correos, guardias de asalto, ferroviarios, intelectuales, artistas y un largo etc. perdieron los derechos que tenían, se convirtieron en parias en su propio país u obligados a un exilio que duró cuarenta años. 

Las instituciones democráticas tienen que ser firmes en la defensa de la verdad histórica y no permitir que el fascismo ponga en duda el honor y la memoria de las víctimas de la dictadura. Termino con rendir un humilde homenaje a todos los que dieron su vida para que hoy vivamos en un sistema de libertades y derechos sociales. La Historia los tendrá siempre presentes.