Opinión

Basta de mujeres asesinadas

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Basta de mujeres asesinadas

Cada 8 de marzo se conmemora con todo el sentido y con razón el Día de la Mujer Trabajadora, siendo el 19 de marzo de 1911 la primera celebración en Alemania, Austria, Dinamarca y Suiza. Con el tiempo su conmemoración se ha extendido a numerosos países, principalmente del mundo occidental. Pienso que debe seguir hasta alcanzar la equidad que se persigue. Ello no es óbice para que no olvidemos hoy y siempre a las que su trabajo no es tan reconocido como el que realizan las mujeres que lo hacen fuera de casa, el suyo se resume en "labores de casa".

Aunque debemos insistir en reivindicar que se termine sin dilación con la lacra de las mujeres asesinadas por violencia de género, todos tenemos que hacer algo para, primero, reducirlo y, después, erradicarlo. Lo que tenemos no llega, por los datos que se tienen, las leyes y medidas que se toman, y mucho menos el teléfono que cuando se tiene un energúmeno con un cuchillo, pistola o simplemente sus manos es difícil de usar. Casi 800 mujeres fueron asesinadas desde el año 2004, aunque la legislación protege a las mujeres que sufren malos tratos a mano de sus parejas, exparejas o maridos. Según los datos públicos, cada día un juzgado español recibe cerca de 80 denuncias por violencia machista. De las asesinadas, sólo un 23% había denunciado malos tratos, una cifra en aumento. Desgraciadamente no se nota una disminución de los asesinatos por violencia de género; enero y julio acumulan el mayor número de casos, y se detectó una ligerísima disminución desde el año 2010.

Cómo en la salud, hay que prevenir, pero no es fácil, y aun con denuncia (en muchos casos retirada) sucede lo inevitable. Cambiemos las leyes, los protocolos de actuación y protejamos a la mujer indefensa ante lo que le puede venir encima, sin olvidarnos de los hijos que sufren las consecuencias e incluso también la muerte. Se conoce el proceso: el agresor desata su furia, la violencia se transforma en física, reconoce su acción, pide perdón y promete no repetirlo. Se inicia una fase de reconciliación y trata de complacer a la mujer, hacen vida normal, como si no hubiese pasado nada. Celos, peleas, insultos, gritos y humillaciones, y en muchos casos, lo inevitable.