Opinión

La soledad de un DCA

Opinión

La soledad de un DCA

Una persona que ha tenido un ictus, derrame cerebral o accidente cerebrovascular (ACV), cuando sale del centro donde fue atendido es conocido cómo una persona con daño cerebral adquirido (DCA). Del mismo modo que otras personas afectadas por enfermedades cerebrales, incluidas las degenerativas, reciben mucha atención de todos los familiares y amigos, dándoles todo su apoyo para que dejen atrás las secuelas que les han quedado. Pasan los meses y muchas secuelas han desaparecido, otras aún quedan y quizás no desaparezcan nunca. 

La vida de un DCA ha dado un giro de 180 grados, como ya comenté en otra ocasión, además son mucho más sensibles a cualquier cambio, atmosférico incluido. Esto le lleva a ver la vida de una forma diferente, pero también a que poco a poco los amigos y más allegados se vayan alejando, e incluso los que continúan mantienen la conversaciones entre ellos, siendo contadas las ocasiones en las que se dirige al DCA una gran parte de ellos. Y supongo que sucede lo mismo en otras enfermedades cerebrales.

El que padeció el ACV se siente “aislado” de la reunión, y no digamos los que para no hacer frente al problema, cuando lo ven dan un rodeo y van por otro lado para no encontrarlo. No puedo generalizar porque no conozco a todos, pero muchos DCA se dan cuenta y se sienten cada vez más aislados, incluso sienten que los terapeutas que tanto empeño pusieron al inicio en ciertos casos pierden “fuelle” o piensan que están “bajando”. Todo ello causa en ellos un proceso de tristeza que puede acabar en depresión.

 Las asociaciones promueven reuniones, celebración de fiestas a las que asisten los DCA, sus familiares, los terapeutas y los miembros de la Junta Directiva de la Asociación. Semanalmente suelen tener salidas a diferentes lugares de la ciudad, e incluso pasan algún día en las playas que están preparadas para recibir personas en sillas de ruedas. Se vuelcan para que dentro de lo posible lleven una vida normal. 

Los DCA reclaman una integración en la vida común y que cuando estén en un lugar o van por la calle no se sientan aislados, que los que los acompañan o encuentran se paren, como hacían antes del ictus.