Opinión

En la cara buena del mundo

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En la cara buena del mundo

Lunes, 8 de junio

Como periodista, me duele no ver los periódicos en el café por la pandemia. Qué cosa más humana e imprescindible tener un periódico en las manos mientras sorbes el primer café humeante de la mañana. Un placer de dioses. Cierto, entras en el local y por el periódico que tiene en las manos alguien, sabes ya mucho de su ideología y de su forma de pensar, casi de su vida.

Pero como tertuliano, reflexiono y observo que al entrar hoy el cliente en el local, lo hace como descolocado, como si le hurtasen algo, vamos, como si le faltase un narcótico. Lo bueno es que entonces no le queda otro remedio que dialogar con sus acompañantes, comentar cosas de la vida y rescatar eso tan olvidado de mirarse a los ojos. Sientes un cierto desamparo al no tener en las manos tu diario. De todas formas, afirman los epidemiólogos que la tinta no contagia y el papel poroso absorbe el virus.

Pero, hermano lector, un café sin periódicos es casi como si le faltase el alma. 

Miércoles, 10 de junio

Allá a finales de los 80, cuando yo vivía en Piamonte 25, por allí pasaba todo dios. Cierto, era letrista de cantantes y tenía muchos amigos en la farándula. A veces nos intercambiábamos los vecinos artistas. Muy cerca, casi pegados, vivían los hermanos Campillo. Su piso, como el mío, siempre estaba abierto y allí vi nacer el grupo Tam Tam Go! Recuerdo las tertulias con el mítico director de cine Ricardo Franco. Él fue el que le dio la idea de la letra “Manuel Raquel”. Está basada en un travesti que recorría la noche por la calle Desengaño y aledaños, eran tiempos represivos y siempre estaba perseguido y molido a palos por los maderos. Se disolvió Tam Tam Go!, pero hoy Nacho Campillo es una estrella. Pero vayamos al tema “Espaldas mojadas”. Nacho Campillo, su hermano y yo teníamos algo en común. Mira tú, los Campillo habían nacido en Badajoz, justo en la frontera con Portugal. Es bien cierto que la casa de sus abuelos daba al río Rivilla y desde su ventana observaban cómo los contrabandistas atravesaban el río con fardos de café Sical. Cuentan: “Más de una vez escuchamos la voz grave de la pareja: ‘Alto a la Guardia Civil”. Ya ves, hermano lector, la misma experiencia “raiota” que yo viví en Verín cuando los contrabandistas atravesaban el riachuelo de Feces, justo en la frontera. Ahí nacieron los primeros versos de ese tema que él después situó en la frontera de México, cuando vivía en Los Ángeles: “Voy cruzando el río”. De aquellas, andaban jodidos porque ellos habían vivido en Londres mucho tiempo con su madre y querían que sus discos fueran en inglés. Y no había manera. Su piso, como el mío, era un abrevadero. Por allí circulaba todo el mundo, desde Antonio Vega a Jaime Urrutia, que ya mascaba la canción de Gabinete Caligari “Al calor del amor en un bar”. Nacho ponía discos en un lugar que hoy es una leyenda de la movida madrileña: La Vía Láctea. Allá a medianoche, discreto, llenaba a veces nuestras copas con la habilidad de un trilero sin que se enterasen ni el camarero ni el jefe, y cuántas noches permanecimos allí hasta el amanecer.

Afirman los epidemiólogos que la tinta no contagia y el papel poroso absorbe el virus. Hermano lector, un café sin periódicos es casi como si le faltase el alma

De aquellas apareció en casa de los Campillo un chico triste con gesto herido, cándido y con una inteligencia voraz. Tenía siempre frío. Era Pau Donés, que venía de su Barcelona a buscarse la vida en una casa discográfica del “Foro”. Tenía unas teorías que no nos convencían mucho. Él decía que trabajaba en una agencia de publicidad y que las canciones debían ser algo así como un eslogan. Pronto supimos que su madre se había suicidado y le ayudamos en todo lo que pudimos dándole contactos de mánagers y discográficas. Mira tú, era un poco tímido y cómo íbamos a pensar que una tarde del 2000 con su banda Jarabe de Palo iba a llenar el Central Park de Nueva York y la mayor sala de Tokio. Los dioses le ayudaron. Cuando grabó “La flaca” apenas vendió un puto disco. De pronto, unos publicistas tomaron su canción para un anuncio de la marca de tabaco Ducados. El tema, cielo santo, casi llega al millón de discos. Recuerdo vagamente aquellas tardes en que él, un poco filósofo y quizás como una premonición, nos repetía “estamos de prestado”. En aquellas noches en Madrid lo veíamos tan frágil que nos sorprendió su brava y heroica pelea contra la enfermedad que se lo llevó.

Hoy, en tu memoria, escucho tu canción “El lado oscuro”, un tema autobiográfico y desgarrado que al oírlo te parte el corazón. “Puede que hayas/ nacido en la cara buena del mundo./ Yo nací en la cara mala./ Llevo la marca del lado oscuro/ y no me sonrojo si te digo que te quiero”. Sufrió mucho y no hace tanto dijo: “Al lado de lo que le pasó a mi madre, esta enfermedad es un resfriado”. Descansa en paz, Pau, hermano. Cierto, estamos de prestado. No recuerdo bien si eras tú o quién, el que solía recitar en casa de los Campillo el verso de Omar Khayyam: “Puesto que ignoras lo que te reserva el mañana, esfuérzate por ser feliz hoy”.